Análisis

Once Hipótesis y Siete conclusiones

¿Quién mató al cardenal? *
Víctor M. Ramos / Mayo 16 1999

Todavía no se sabe el motivo y, quizá, no se sabrá nunca. Posadas no era un pastor con posiciones sociales comprometidas con los sectores populares. Era, fundamentalmente, un pastor mediador, tímido en el compromiso social, alejado de su clero. Gustaba más bien de las relaciones sociales con "los príncipes y potestados".

¿Representaba un muro contra el desarrollo de los narcotraficantes? ¿Era Posadas un factor de desestabilización social? Ninguna de las dos preguntas podría, así sea remotamente, encontrar eco afirmativo. ¿Por qué lo mataron entonces?

Once hipótesis sobre las causas de su muerte

Versiones van y vienen. He recogido once hipótesis explicativas sobre el asesinato del cardenal Posadas. Algunas son oficiales, otras se comentan en círculos eclesiales y, otras más, en el devenir de la calle. Las dos versiones oficiales descartan que el móvil haya sido el asesinato del cardenal. Todas las demás parten del supuesto del asesinato directo, sin confusión, del cardenal Posadas. Una vez que se acepta que el cardenal tuvo que morir "por algo", la creatividad explicativa se desfoga.

1. La primera hipótesis oficial: fue un accidente, ya que el cardenal se encontró en medio de un fuego cruzado entre dos bandas de narcotraficantes.

2. Segunda hipótesis oficial: el cardenal fue confundido con el "Chapo" Guzmán por una banda de narcotraficantes que pretendía matar a ese "Chapo". Ya no fue accidental sino intencional. Una lamentable confusión.

3. Lo mandó matar una parte del gobierno que se siente desplazada. En los pasillos de la Secretaría de Gobernación se rumora que el anterior secretario del ramo influyó para enviar un mensaje al presidente Salinas sobre la vitalidad de su poderío.

4. Los masones quisieron poner un escollo a las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado, escogieron para ello a un hombre que había tenido participación importante en este proceso.

5. La mafia italiana aparece en escena, preocupada porque los narcos mexicanos estaban invadiendo con firmeza su mercado en Estados Unidos. Al culparlos de la muerte del cardenal se verían acosados y disminuirían su presencia en el mercado estadounidense de la droga.

6. Algunos grupos de la Iglesia que no estaban de acuerdo con el cardenal Posadas tomaron cartas en el asunto. Particularmente se atribuye esto a sectores de extrema derecha impactados por la "apertura social" iniciada por el cardenal.

7. La hipótesis de la guerra religiosa no se ha quedado atrás. Algunos afirman que las sectas quisieron mostrar su poderío y penetración coincidente de esta magnitud. Esta versión expresa las fobias de algunos católicos frente al desarrollo de las sectas.

8. La lucha contra el narcotráfico emprendida por el gobierno de la República habría afectado los intereses de algunos militares. Con la muerte del cardenal pretenderían señalar que nada ni nadie los detendría. Otros señalan al Ejército pero bajo la explicación del enfado, porque el gobierno habría permitido las beatificaciones de los mártires jaliscienses, además del enorme peso que por las relaciones legales la Iglesia estaba asumiendo.

9. La Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA), al sentir que pierde el control de la droga que ingresa a su país, intenta crear un affaire de tal tamaño para que la Procuraduría General de la República se vea obligada a "limpiar" sus cuadros y poder recobrar el control del tráfico de droga hacia Estados Unidos.

10. El Partido Revolucionario Institucional estaba preocupado porque el cardenal Posadas pretendía formar un partido político. El tricolor podría tener ante sí a un partido político capaz de derrocarlo en la justa política.

11. El cardenal se entrevistó con el presidente Salinas el viernes 21 de mayo para entregarle un expediente completo sobre las explosiones del 22 de abril en el sector Reforma de Guadalajara. Las responsabilidades llegaban a alto nivel. Quienes se sintieron inculpados tomaron una decisión rápida para quitar al cardenal de su camino y enviar un mensaje al presidente de la magnitud de las acciones que podrían desplegar en caso de atentar contra ellos.

Siete conclusiones

Confusión e incredulidad rodean a las hipótesis. El ministerio público habrá de continuar las investigaciones. Sucesos como el del 24 de mayo de 1993 cimbran a la sociedad entera y reclaman entereza de todos los actores sociales, principalmente de quienes tienen una responsabilidad pública. No puede descartarse ninguna hipótesis a la ligera. O como diría el filósofo: "Dudo, luego existo". A pesar de todo, hay aspectos que difícilmente pueden prestarse a duda:

1. La muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo fue planeada y ejecutada con precisión. Para ello se compraron voluntades y lealtades.

2. La investigación de la PGR, con todo y lo meritoria, es insuficiente. Descarta muchas otras hipótesis que bien vale la pena investigar. No es correcto pedirle a la sociedad que investigue por su cuenta. Es deber de la Procuraduría.

3. A pesar de los enormes avances en materia de derechos humanos, la impunidad es todavía una asignatura pendiente. Cobija tanto a elementos de las fuerzas del orden como a algunos funcionarios públicos.

4. La sociedad civil ha emprendido un camino de emergencia social. Reclama participación en la toma de decisiones que nos afectan a todos. Su expresión, con amplio margen de pluralidad, no acierta aún a convertirse en demanda organizada.

5. La Iglesia vive una constante tensión entre la pluralidad de las expresiones y la unidad de su disciplina. Los auxiliares del cardenal Posadas, junto con otros obispos y miles de laicos en el país, mantienen viva la esperanza de la justicia. En ella fincan la paz de nuestra convivencia como nación.

6. La lucha contra el narcotráfico es compleja y nos concierne a todos. Pero hay algunos que tienen más responsabilidad que otros. El gobierno de la República, además de invertir en el combate directo deberá tomar medidas preventivas como inversiones en el medio rural y cambios en la legislación para evitar el lavado de dinero.

7. ¡Queremos la paz... ! La que surge de la justicia. La que se nutre del conocimiento de la sociedad sobre sí misma. Para ello requerimos saber la verdad, sin medias tintas y sin complicidades. Nos urge construir un estado de derecho en donde la racionalidad de las decisiones políticas se juzgue no sólo por su eficacia o conveniencia, sino igualmente por los valores que la sustentan.

* El presente escrito es parte del libro del autor: Muerte de un príncipe, Guadalajara, Jalisco, Conexión gráfica, 1993. Agradecemos al autor su autorización para publicarlo en La Brecha.