Todavía
no se sabe el motivo y, quizá, no se sabrá nunca. Posadas
no era un pastor con posiciones sociales comprometidas
con los sectores populares. Era, fundamentalmente, un
pastor mediador, tímido en el compromiso social, alejado
de su clero. Gustaba más bien de las relaciones sociales
con "los príncipes y potestados".
¿Representaba
un muro contra el desarrollo de los narcotraficantes?
¿Era Posadas un factor de desestabilización social? Ninguna
de las dos preguntas podría, así sea remotamente, encontrar
eco afirmativo. ¿Por qué lo mataron entonces?
Once hipótesis sobre las causas
de su muerte
Versiones van y vienen. He recogido once hipótesis explicativas
sobre el asesinato del cardenal Posadas. Algunas son oficiales,
otras se comentan en círculos eclesiales y, otras más,
en el devenir de la calle. Las dos versiones oficiales
descartan que el móvil haya sido el asesinato del cardenal.
Todas las demás parten del supuesto del asesinato directo,
sin confusión, del cardenal Posadas. Una vez que se acepta
que el cardenal tuvo que morir "por algo", la creatividad
explicativa se desfoga.
1. La primera hipótesis oficial:
fue un accidente, ya que el cardenal se encontró en medio
de un fuego cruzado entre dos bandas de narcotraficantes.
2. Segunda hipótesis oficial:
el cardenal fue confundido con el "Chapo" Guzmán por una
banda de narcotraficantes que pretendía matar a ese "Chapo".
Ya no fue accidental sino intencional. Una lamentable
confusión.
3. Lo mandó matar una parte
del gobierno que se siente desplazada. En los pasillos
de la Secretaría de Gobernación se rumora que el anterior
secretario del ramo influyó para enviar un mensaje al
presidente Salinas sobre la vitalidad de su poderío.
4. Los masones quisieron
poner un escollo a las relaciones entre la Iglesia católica
y el Estado, escogieron para ello a un hombre que había
tenido participación importante en este proceso.
5. La mafia italiana aparece
en escena, preocupada porque los narcos mexicanos estaban
invadiendo con firmeza su mercado en Estados Unidos. Al
culparlos de la muerte del cardenal se verían acosados
y disminuirían su presencia en el mercado estadounidense
de la droga.
6. Algunos grupos de la Iglesia
que no estaban de acuerdo con el cardenal Posadas tomaron
cartas en el asunto. Particularmente se atribuye esto
a sectores de extrema derecha impactados por la "apertura
social" iniciada por el cardenal.
7. La hipótesis de la guerra
religiosa no se ha quedado atrás. Algunos afirman que
las sectas quisieron mostrar su poderío y penetración
coincidente de esta magnitud. Esta versión expresa las
fobias de algunos católicos frente al desarrollo de las
sectas.
8. La lucha contra el narcotráfico
emprendida por el gobierno de la República habría afectado
los intereses de algunos militares. Con la muerte del
cardenal pretenderían señalar que nada ni nadie los detendría.
Otros señalan al Ejército pero bajo la explicación del
enfado, porque el gobierno habría permitido las beatificaciones
de los mártires jaliscienses, además del enorme peso que
por las relaciones legales la Iglesia estaba asumiendo.
9. La Agencia Antinarcóticos
de Estados Unidos (DEA), al sentir que pierde el control
de la droga que ingresa a su país, intenta crear un affaire
de tal tamaño para que la Procuraduría General de la República
se vea obligada a "limpiar" sus cuadros y poder recobrar
el control del tráfico de droga hacia Estados Unidos.
10. El Partido Revolucionario
Institucional estaba preocupado porque el cardenal Posadas
pretendía formar un partido político. El tricolor podría
tener ante sí a un partido político capaz de derrocarlo
en la justa política.
11. El cardenal se entrevistó
con el presidente Salinas el viernes 21 de mayo para entregarle
un expediente completo sobre las explosiones del 22 de
abril en el sector Reforma de Guadalajara. Las responsabilidades
llegaban a alto nivel. Quienes se sintieron inculpados
tomaron una decisión rápida para quitar al cardenal de
su camino y enviar un mensaje al presidente de la magnitud
de las acciones que podrían desplegar en caso de atentar
contra ellos.
Siete conclusiones
Confusión e incredulidad rodean a las hipótesis. El ministerio
público habrá de continuar las investigaciones. Sucesos
como el del 24 de mayo de 1993 cimbran a la sociedad entera
y reclaman entereza de todos los actores sociales, principalmente
de quienes tienen una responsabilidad pública. No puede
descartarse ninguna hipótesis a la ligera. O como diría
el filósofo: "Dudo, luego existo". A pesar de todo, hay
aspectos que difícilmente pueden prestarse a duda:
1. La muerte del cardenal
Juan Jesús Posadas Ocampo fue planeada y ejecutada con
precisión. Para ello se compraron voluntades y lealtades.
2. La investigación de la
PGR, con todo y lo meritoria, es insuficiente. Descarta
muchas otras hipótesis que bien vale la pena investigar.
No es correcto pedirle a la sociedad que investigue por
su cuenta. Es deber de la Procuraduría.
3. A pesar de los enormes
avances en materia de derechos humanos, la impunidad es
todavía una asignatura pendiente. Cobija tanto a elementos
de las fuerzas del orden como a algunos funcionarios públicos.
4. La sociedad civil ha emprendido
un camino de emergencia social. Reclama participación
en la toma de decisiones que nos afectan a todos. Su expresión,
con amplio margen de pluralidad, no acierta aún a convertirse
en demanda organizada.
5. La Iglesia vive una constante
tensión entre la pluralidad de las expresiones y la unidad
de su disciplina. Los auxiliares del cardenal Posadas,
junto con otros obispos y miles de laicos en el país,
mantienen viva la esperanza de la justicia. En ella fincan
la paz de nuestra convivencia como nación.
6. La lucha contra el narcotráfico
es compleja y nos concierne a todos. Pero hay algunos
que tienen más responsabilidad que otros. El gobierno
de la República, además de invertir en el combate directo
deberá tomar medidas preventivas como inversiones en el
medio rural y cambios en la legislación para evitar el
lavado de dinero.
7. ¡Queremos la paz... !
La que surge de la justicia. La que se nutre del conocimiento
de la sociedad sobre sí misma. Para ello requerimos saber
la verdad, sin medias tintas y sin complicidades. Nos
urge construir un estado de derecho en donde la racionalidad
de las decisiones políticas se juzgue no sólo por su eficacia
o conveniencia, sino igualmente por los valores que la
sustentan.
* El presente escrito es parte del libro
del autor: Muerte de un príncipe, Guadalajara, Jalisco,
Conexión gráfica, 1993. Agradecemos al autor su autorización
para publicarlo en La Brecha.