Análisis

La democratización de América Latina según Garretón

Ariel Ruíz Mondragón

Los días 26, 27 y 28 de enero, el profesor de la Universidad de Chile, Dr. Manuel Antonio Garretón, dictó en nuestra ciudad una serie de conferencias titulada "La transición a la democracia: La experiencia latinoamericana". Durante el evento, organizado por la Facultad de Ciencia Políticas y Sociales, el Instituto de Investigaciones Sociales y el Centro de Investigaciones sobre América del Norte, el conferencista disertó acerca de las democratizaciones políticas por las que atraviesan los países de nuestro continente, e hizo la aclaración acerca del término transición, que él conceptualiza como un tipo particular de democratización.

Garretón expresó que México no ha experimentado una transición a la democracia —que entiende como el paso de un régimen militar a uno democrático- sino como un proceso de reformas, que es otro tipo de democratización. Explicó que nuestro país no es un caso autoritario en sentido estricto, ya que no se trata de un régimen como los que existieron en Europa del Este, en el Cono Sur, o hay todavía en Cuba.

La democratización, dijo Garretón, es entendida como el proceso de construcción de democracias políticas, a partir de un régimen no democrático. América Latina, dijo, vive cuatro grandes procesos de democratización: las fundaciones (Guatemala, El Salvador, Nicaragua), las transiciones (Chile, Brasil, Argentina), los procesos de reformas (México, y hasta hace poco, Colombia), y la descomposición y las recomposiciones autoritarias (Perú, Ecuador, Venezuela, Paraguay). Cada país ha seguido distintas rutas y ha tenido diversos resultados, aunque en la mayoría de ellos se puede decir que han arribado a democracias incompletas, muchas de ellas de baja calidad.

Las fundaciones se refieren a casos en los que los nuevos regímenes democráticos se establecen después de grandes conmociones violentas, como una revolución. Resultado de ello es que se asocian a fenómenos de reconstrucción de Estado nacionales, de pacificación y reconciliación después de un derrocamiento.

Las transiciones son el paso de un régimen militar a uno democrático, pero no son momentos insurreccionales, sino procesos por vía legal-institucional. Entre sus características, se encuentran la de que es necesario el cambio de los titulares del poder, pero además porque se trata de un tránsito pactado. Es un proceso de negociación, no de derrota militar.

En las transiciones, existió una mediación institucional: la Constitución.

Las transiciones han dado lugar a regímenes democráticos incompletos, en los que sobreviven elementos del régimen anterior, que Garretón llama enclaves autoritarios. Estos son de cuatro tipos: institucionales —normas, leyes, reglas que sobreviven del régimen anterior-; ético-simbólicos —por ejemplo, las violaciones a los derechos humanos no resueltas-; actorales —grupos del viejo régimen que, aunque practican el régimen democrático, quieren detener el avance de éste-, y culturales —hábitos, estilos que obstaculizan la democracia-.

En la democratización vía reformas no hay derrocamiento, sino que hay negociaciones y existe un marco institucional. Pero a diferencia de las fundaciones y las transiciones, no supone la sustitución de los titulares del poder. Las reformas se hacen desde dentro del mismo régimen. También la distingue de las anteriores el hecho de que no se sabe con exactitud cuándo termina.

En este proceso, existe una combinación entre los actores democráticos y autoritarios, por lo que el enclave autoritario más fuerte es el actoral.

Por último, mencionó los casos de descomposición y recomposición de la democracia, que amenazan con una reversión autoritaria.

Criticó también el mito de que la democracia fue y es entendida como la solución para todos los problemas de la sociedad, cuando sólo puede resolver los problemas del poder, propiamente el régimen político como una dimensión de la sociedad: quién y cómo gobierna (constitución de la autoridad), la relación entre los individuos y el Estado (definición de la ciudadanía), y la canalización de los conflictos y demandas sociales (la institucionalización). Pidió abandonar la visión determinista y evolucionista que establece que la estructura socioeconómica determina el régimen político.

La democracia es un régimen político que resuelve los anteriores problemas sobre la base de ciertos principios: la soberanía popular, las libertades públicas, los derechos humanos, ciudadanía, Estado de Derecho, pluralismo político, y ciertos mecanismos: sufragio libre, secreto e informado, elecciones periódicas, gobierno de mayorías, separación de poderes, principio de alternancia, respeto a los derechos de las minorías y el establecimiento de sistemas de negociación que niegan la violencia.

Para que exista la democracia, destacó el profesor chileno, se requiere de dos elementos: Que exista una polis (comunidad política) y que todos los actores políticos relevantes estén de acuerdo en que exista la democracia.

Los principios éticos de la democracia son 3: el ethos liberal (la libertad de los individuos y su capacidad de elegir y decidir); el ethos igualitario (la igualdad, la no jerarquización, la no distancia socioeconómica) y el ethos comunitario (participación de la gente dentro de una comunidad). Garretón considera que en América Latina predominan el ethos igualitario y el ethos comunitario.

Los cuatros grandes problemas políticos que enfrenta América Latina son, a decir de Garretón:

La construcción de democracias políticas, así como asegurar su calidad, profundización y relevancia; la democratización social, que es la definición de la ciudadanía, la inclusión y construcción de actores sociales; la recomposición de un modelo de desarrollo y su inserción internacional, y la constitución de un modelo de modernidad.

El neoliberalismo, dijo el conferencista, intenta reducir el Estado y eliminar el sistema representativo. En realidad, no tiene propuesta de régimen político, sino que en una alianza bastarda, se ha aliado con el autoritarismo y el corporativismo.

Se pronunció por la transformación de la matriz sociopolítica de la región, por una que conjugue fortalecimiento, autonomía y complementariedad: un Estado fuerte (no grande), con sistemas representativos robustecidos (fundamentalmente los partidos políticos), y una sociedad civil activa, fuerte y autónoma.

También señaló que un reto de las democracias políticas latinoamericanas es combatir contra los diversos enclaves autoritarios (generalmente asociados con los antiguos regímenes) y profundizar la democracia.

Garretón ubicó a México en la democratización vía reformas, en el que coincidieron la liberalización de la política con la liberalización de la economía. A diferencia de las transiciones, en nuestro país no hubo un momento de instalación democrática, un momento institucional que marque el antes y el después.

El especialista desdeñó la versión según la cual en México habrá democracia hasta que el PRI pierda la presidencia de la República. Manifestó que la democratización del país ha tenido notables avances que impiden creer en tal opinión. Considero que si hay quienes creen que todo sigue igual porque el PRI sigue en el poder y que se necesita cambiar todo el aparato institucional porque nada ha cambiado, "que hagan una revolución y derroquen al Estado priísta."

Consideró que las transiciones no terminan cuando gana un partido o candidato y pierde el otro. Además, dijo, la rotación en el poder no es lo que define a la democracia, aunque ésta se rija por el principio de rotación.

Por el contrario, destacó que en nuestro país hay un régimen mucho más democrático que hace 15 años.

Para América Latina, el conferencista consideró que, debido a que predomina el sistema presidencialista, para la democracia no son buenos los gobiernos minoritarios, por lo que es necesario pensar en las coaliciones electorales y de gobierno. Esas coaliciones deben ser democratizadoras, que se planteen programas de reforma.

Finalmente, consideró que en términos generales en América Latina tenemos regímenes democráticos, lo cual es positivo, ya que la política es más institucional, menos confrontacional y es más incluyente. Pero la democracia no ha resuelto muchos más problemas que los anteriores regímenes. Ese el gran reto de la democracia en América Latina, finalizó.

 


 

 


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