Análisis

GLOBALIZAR LA RIQUEZA
Justicia Social en la era de la Globalización

Este es un ensayo, largamente esbozado, sobre por qué, a pesar de que la riqueza económica en el mundo ha aumentado a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, aquélla se ha reconcentrado consistentemente en una porción cada vez más pequeña de la población, y ha generado una tendencia de más de 20 años de polarización económica, al aumentar los índices de pobreza tanto en el Primer Mundo como en el Mundo en Desarrollo. Sin ambages, el ensayo afirma que la pobreza en el mundo se está exacerbando porque los dados están cargados en favor de quienes detentan el poder político y económico. Esto no es ninguna novedad, pero hoy en día existe un acuerdo concreto en los centros de poder de las metrópolis mundiales y de su periferia para expandir esta estructura mediante la globalización del capitalismo mundial bajo lo que se ha denominado "el consenso de Washington"; que no es otra cosa más que la institucionalización a ultranza de un capitalismo neoliberal anglosajón, en beneficio de las empresas transnacionales y sus asociados. El problema es que el acuerdo ha sido impuesto y no elegido por las sociedades civiles. Su imposición está anclada en una gran campaña de desinformación dirigida a convencer a la mayoría de que la libertad de comercio y de inversión no puede más que reforzar la libertad social y el nivel de vida de todos los participantes. Esto es posible porque los promotores de este "consenso" están insertados en todas las estructuras que se han ido construyendo para lograr la libertad, la justicia y el bienestar de la sociedades capitalistas, al establecerse una verdadera democracia y una sociedad civil abierta. Por lo que, socavando estas estructuras, se han logrado colocar en puntos claves donde manejan los hilos políticos de las naciones en exclusivo beneficio de grupo, que no busca otra cosa más que hacerse del mayor poder económico a costa de la explotación racional de las mayorías. El sistema económico actual ha sido impuesto en contra de la voluntad de la mayor parte de las sociedades civiles nacionales, porque las estructuras democráticas donde supuestamente se asientan, han sido corrompidas o simplemente nunca han llegado a consolidarse. Esto ha sido posible porque las grandes mayorías han sido tan desinformadas y manipuladas, a través de una propaganda incesante, que las ha llevado a un profundo nivel de aturdimiento y de enajenación que las incapacita para emitir elementos de juicio y de cuestionamiento. Como resultado, estas mayorías, en gran medida, bajo las condiciones actuales de rápido empobrecimiento, sólo actúan por actos reflejos buscando sobrevivir.

El enfoque del ensayo, sin embargo, no se aboca a ser un mero documento de acusación de la globalización neoliberal, tan denunciada casi universalmente en lo que va del año, sino a proponer soluciones muy específicas para detener la tendencia negativa que predomina. El ensayo, al enfocarse en los elementos concretos que exacerban la brecha entre ricos y pobres, presenta con claridad la adecuada solución. Además, en su proposición, el ensayo argumenta que ésta es la única solución real y definitiva, sine qua non, cualquier otra medida, representaría sólo un mitigador del sufrimiento de las mayorías, pues las estructuras que generan pobreza no serían desmanteladas. Finalmente, el ensayo concretiza su argumento presentando acciones específicas para parar de lleno la injusticia social sobre todo en países como el nuestro, que no dejan de seguir en vías de desarrollo, porque existe la voluntad de que esto permanezca como el status quo, porque beneficia a una oligarquía mundial.

 

Parte I. Marco de Referencia Ético

  1. Consideraciones Políticas y Económicas.
  2. Globalización y Justicia Social

    La globalización neoliberal, definida por sus idólatras, es un proceso a través del cual los postulados de la teoría económica del neoliberalismo, dónde todo recae en las libres fuerzas del mercado y del comercio internacional abierto, genera la distribución más eficiente de los recursos y, por lo tanto, alcanza el mejor nivel de bienestar. Pero esto es cierto sólo desde el ángulo de las corporaciones; pues desde una perspectiva de justicia social, no alcanza absolutamente nada en términos de distribución de la riqueza. Al contrario, aunque puede acrecentar el nivel de riqueza de la economía, el neoliberalismo reconcentra esta riqueza en menos manos, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres aún más pobres. En el proceso de transición de una economía cerrada a una abierta, la mayoría de los países han permanecido varados durante muchos años, y muchos han empeorado sus estadísticas per capita de ingreso. Por eso, está claro que la globalización de las economías del mundo no ha beneficiado a nadie exceptuando a esos pocos privilegiados miembros de los centros de poder tanto públicos y privados como locales y globales. Por encima de todo, ha beneficiado a las corporaciones transnacionales o TNLs y a los gobiernos que las apoyan y protegen, tanto en sus países de origen como en los países huéspedes, quienes han implementado los cambios necesarios para que éstas prosperen al máximo. Como dice Jo Marie Griesgraber, Directora del proyecto "Repensando Bretton Woods", del Center of Concern, una ONG comprometida con la justicia social, de la Sociedad de Jesús en Washington: Hay algo intrínsecamente malo con el sistema financiero que resulta en, y perpetúa, las siguientes obscenidades:1

    * En 1998 las 225 personas más ricas del mundo tienen ahora una riqueza combinada de un billón de dólares (doce ceros). Esto es igual al ingreso combinado de los 2,500 millones de personas de menor ingreso en el mundo.

    * La riqueza de los tres individuos más ricos del mundo, excede actualmente el PIB combinado de los 48 países menos desarrollados.

    • El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reportó en 1996 que cien países están en peores condiciones que hace quince años.

    • Hace tres décadas, la gente en los países desarrollados estaban 30 veces mejor que en esos países donde habita el 20% más pobre de la población mundial. Para 1998 esa brecha se ha ensanchado 82 veces. (según el Upstream Journal, Montreal Justice and Peace Commission, June/July, 1999, p.15)

    Griesgraber denuncia además, que en la junta del G7 —el grupo de las siete mayores economías capitalistas— en Colonia, Alemania, en junio pasado, se le adjudicaron al Foro de Estabilidad Financiera, recién creado en la primavera por el comité ejecutivo del FMI, nuevas responsabilidades. Este foro, formado por los ministros de hacienda, los directores de las bancas centrales del G7, los directores de los organismos que fijan las normas de contabilidad, seguros, banca y bolsa, y por los directores del FMI y del Banco Mundial, se reúne ahora semestralmente para revisar y recomendar cambios al sistema financiero global. Lo más cuestionable es que estas reuniones se hacen en secreto, no se emiten minutas accesibles al exterior y no se le rinden cuentas a nadie, en total violación de las normas internacionales. Además, dice Griesgraber, El acuerdo actual de los pocos ricos asegurando en secreto la continuación de una distribución de poder y de recursos de forma inequitativa, es una realidad que deberá ser confrontada y cambiada. Esto no es una posición resultado de la demencia de unos locos obsesionados con alucinaciones de conspiraciones, sino un objetivo real desde una perspectiva de justicia social.2

    A pesar de esto, los apologistas de la globalización han presentado sus puntos de vista como un paradigma y como un dogma, ya que argumentan que no hay otro camino para alcanzar el mayor nivel de riqueza más que a través del paradigma neoliberal, supuestamente, de laissez faire (de dejar hacer). Para eso tratan de apoyarse en teorías económicas como si fuesen postulados indisputables, al afirmar que es un paradigma científico y, por lo tanto, que no puede ser cuestionado. La teoría económica neoliberal, supuestamente le endilga su raíces a la teoría económica clásica a partir de la filosofía económica de Adam Smith. Esto en realidad es falso, pues los postulados de Smith han sido conscientemente tergiversados. Al igual que él, se argumenta que sólo los mercados eficientes y competitivos pueden alcanzar el equilibrio entre la oferta y la demanda y, por lo tanto, conseguir la mejor asignación de los recursos; pero se omite decir que el principal objetivo de este filósofo-economista era lograr "el bienestar general de todos los rangos de la sociedad,"3 y que, además, esto debería hacerse mediante cientos de miles de pequeños empresarios y no mediante enormes empresas monopólicas que antecedieron al liberalismo económico durante el mercantilismo. Además, para Smith, quien era el jefe de la cátedra de Filosofía Moral de la Universidad de Glasgow, la economía liberal no era el fin sino el vehículo para lograr el bienestar de toda la sociedad. Sin embargo, esta tergiversación, con pleno conocimiento de causa, ha sido la posición de quienes han apoyado al paradigma neoliberal durante los últimos veinticinco años. Pero conforme el tiempo confirma que los pobres se empobrecen aún más, que las clases medias se reducen en muchas economías, incluyendo las de los países más ricos, que los países de Europa Oriental están luchando por salir a flote, que Rusia se está derrumbando y que los países del sudoeste asiático y de Iberoamérica sufren dramáticas recesiones cíclicas, ha surgido un gran debate.

    Los Peligros de la Globalización

    Es muy irónico, sin embargo, que en este debate, algunas de las personas que se han beneficiado al máximo de este proceso, como George Soros, se hayan convertido en críticos inusitados de la globalización. Soros, el famoso especulador de bolsa, quién ganó un millardo de libras en un día especulando con ella, inició una crítica seria sobre el deterioro endémico de las condiciones económicas mundiales cuando en 1997 publicó un artículo titulado "La Amenaza del Capitalismo" en la revista Atlantic Monthly4 (más recientemente publicó "La Crisis del Capitalismo Global" dónde expande su debate). Soros ve inherente al paradigma neoliberal una amenaza a lo que él define como una sociedad abierta.5 Su crítica básica es que, en nombre de la teoría económica neoliberal, como una ciencia irrefutable, la esencia de la sociedad abierta que se basa en libertad, democracia, valores sociales y el estado de derecho, se ve amenazada al reducir a la sociedad a individuos que se comportan exclusivamente en función de valores monetarios. (Estás calificando a la sociedad abierta)

    Los peligros de desvirtuar los valores humanistas por estos valores monetarios nos parece a muchos ciudadanos comunes y corrientes harto evidente y comienza a influir en grado importante en la opinión pública y esto está trascendiendo también en las altas esferas del conocimiento. En los círculos académicos, personajes como el profesor Amartya Sen, Maestre del Trinity College en Cambridge, Inglaterra, quien es el economista más prominente en el estudio de las economía de la desigualdad y el bienestar, ganó el premio Nobel en 1998. Este hecho muestra un dramático contraste con el premio en economía de 1997, otorgado a dos economistas por sus supuestas contribuciones que inspiraron en parte las modernas teorías de equilibrio aplica-das por la recientemente quebrada corredora de fondos debido a su excesiva especulación: Long-Term Capital Management. Esta corredora se especializaba en manejar las carteras de inversiones de grandes millonarios bajo estrategias de alto riesgo (hedge funds). Estas estrategias estaban basadas en las mismas teorías de eficiencia de mercado que dan forma al actual neoli-beralismo. Pero como la teoría, que no ciencia irrefutable, provocó un problema sistémico que hubiese provocado pérdidas de muchos millardos, tuvo que ser rescatada por el banco de la reserva estadounidense. Y como comenta Soros, el mero hecho de la intervención de la reserva federal para eliminar un problema sistémico, es clara prueba de que la teoría económica no tiene nada de ciencia irrefutable y sí todo de mera teoría de una ciencia social. Así, después de que en 1997 se premió a la especulación, en 1998 el desastre económico y el rápido ahondamiento de la pobreza tomaron el escenario central.

    El cambio tan diametral en el enfoque de quienes otorgan el Nobel de Economía, es un signo inequívoco de la preeminencia que ha tomado en el debate sobre desarrollo económico la dramática situación de la justicia social en el mundo. Tan es así, que el debate ya es inevitable en las más altas esferas de poder político-económico. ¿ Cómo podrían evitarlo si el problema, muy a su pesar, les está estallando en la cara? Desde 1998 Bill Clinton y Tony Blair intentaron apaciguar los ánimos con un pequeño subterfugio que han denominado la Tercera Vía, que a estos tiempos vista, está claro que no era más que un argucia para disfrazar al neoliberalismo en piel de cordero. Al argumentar que la Tercera Vía es un balance entre las necesidades de eficiencia de mercado y las consideraciones de bienestar social, han intentado calmar los crecientes reclamos que vienen de todos los sectores. Pero al comprobarse que no se ha dado un paso atrás en las medidas neoliberales de desmantelamiento de las redes sociales de los estados y de la privatización y oligopolización a ultranza, sus palabras han sonado totalmente huecas. El Foro de Economía Mundial de Davos, Suiza, donde se reúnen los capitanes de las principales transnacionales, nombraron a su reunión de principios de año "Globalidad Responsable" pero, como era de esperarse, no ha pasado de ser una reunión de cínicos. Al contrario de su retórica, hemos visto todo este año una pertinaz insistencia en terminar de implantar las estructuras necesarias para establecer un medio ambiente económico idóneo para la operación de las transnacionales. Y a pesar de las primeras derrotas, los Estados Unidos continúan tratando de implantar el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones o MAI (por sus siglas en inglés) que pretende dar una protección inusitada, tanto a las inversiones directas como a las especulativas, en detrimento de las economías domésticas, al eliminar cualquier control al movimiento de inversiones e imponer una protección total para las regalías, licencias y otros derechos de sus empresas y marcas. El acuerdo fue derrotado en la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, OCED, en buena parte, gracias a la presión de las ONGs, pero ahora intentan implantarlo en la próxima reunión de la Organización Mundial de Comercio, OMC, en Seattle en el mes de noviembre.

    Otra clara evidencia del creciente clamor en contra de la globalización neoliberal ha sido la actitud insegura, ante el irrefrenable crecimiento de las críticas, por parte de las instituciones encargadas de implantar el llamado "Consenso de Washington," es decir, el paradigma neoliberal. Estos organismos, los llamados instituciones de Bretton Woods o por sus siglas en inglés (BWIs), por el lugar de reunión dónde se crearon en 1944: El FMI y el Banco Mundial, han parecido capitular y contradecirse, debatiéndose en la zozobra. Las llamadas BWIs han comenzado a hablar de responsabilidad social y del énfasis en el combate a la pobreza criticando mutuamente su desempeño al respecto. El Banco Mundial acusa al FMI de recetar la "medicina" errónea para llevar la salud económica a países en desarrollo y a países ex-comunistas. Paradójicamente, el economista en jefe del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, es el principal crítico del FMI y, según la revista The Economist, el presidente del banco, James Wolfensohn, comparte su opinión. Además, se dice que, mientras que en la superficie la crítica yace estrictamente en la esfera de gestión económica, en lo sutil, las críticas incluyen la manipulación de estas instituciones con fines geopolíticos, principalmente de Estados Unidos. Concretamente, se les acusa de dejarse controlar por los intereses estadounidenses, como en el caso de la supuesta ayuda masiva a México en 1994,6 que no se hubiese dado sino por una decisión de rescatar las pérdidas de los especuladores estadounidenses que ahora seguiremos pagando los mexicanos durante los próximos decenios. La decisión justa, legal y apropiada hubiese sido que los inversionistas estadounidenses asumieran el riesgo de su especulación perdiendo lo que habían invertido y que ya no era recuperable en bolsa. En cambio, se movilizó a la reserva federal estadounidense y al FMI para organizar créditos suficientes para apalancar a sus inversionistas con cargo a México. Sin embargo, a pesar de las crecientes críticas a las BWIs, del reconocimiento del fracaso de sus gestiones y de la creciente autocrítica, no se ve en el horizonte ningún cambio de fondo en su filosofía económica, que sigue siendo estrictamente la receta neoliberal: economía abierta, libre flujo de capitales, desmantelamiento del estado de bienestar, protección total para los inversionistas y sus marcas, mas no así para las sociedades civiles anfitrionas y sus fuerzas de trabajo. Naturalmente, si estas criticas y discordias, en parte reales y en parte mera retórica, vienen de los centros de poder que promueven el laissez faire, en el polo opuesto, tanto en los países pobres como en los ricos, dónde la gran mayoría no se ha beneficiado, es en donde se encuentra la oposición más fuerte y auténtica a la actual globalización.

    Injusticia social impuesta por métodos no democráticos.

    La oposición a la globalización se centra en dos factores principales. Primero, es crecientemente evidente que el paradigma no ha cumplido con las expectativas ofrecidas por quienes lo promueven y está generando tremendas iniquidades tanto en los países ricos como en aquellos en desarrollo. Además de que hay una creciente abundancia de estudios muy serios que dan testimonio de estas tendencias, los simples indicadores económicos de muchos países ricos, empezando por Estados Unidos e Inglaterra, dan clara fe del deterioro social; no se diga de los resultados en los países del Tercer Mundo dónde esto es dramáticamente evidente. En consecuencia, está ahora claro que el paradigma neoliberal es inherentemente injusto, porque ha sido pensado en beneficio exclusivo de quienes lo gestaron: Los centros de poder económico y político.

    El segundo factor de oposición yace en el hecho de que este proceso no ha sido implementado de forma democrática. Al contrario, éste ha sido impuesto por los centros de poder en sus economías y en la periferia. Por principio de cuentas, la globalización es intrínsecamente antidemocrática porque su sólo significado práctico va en contra de los conceptos de diversidad de opciones y de una toma de decisiones consensuada. La globalización neoliberal, por paradójico que sea, es la "comunización" de un paradigma que nada tiene que ver con la libertad de elegir en una democracia, pues no admite el disentimiento. Paradójico también porque su principal impulsor desde los templos de la academia estadounidense, el economista Milton Friedman, lo intentó justificar escribiendo un libro dirigido al lector medio titulado precisamente "Libertad de Elegir," que lo único que muestra es una consistencia en la tergiversación consciente de los valores de libertad y democracia. Así, globalizar significa imponer una visión con una agenda de intereses que premeditadamente asigna la función que jugará cada país y su población, bajo unas reglas diseñadas para beneficio de quienes las pretenden imponer. La globalización neoliberal significa imponer un concepto, una idea, un sistema, tangible o intangible, de manera uniforme y en todas partes, sin importar lo que sus recipientes opinen.

    Tan es así, que los gobiernos de los países periféricos se han plegado a sus demandas sin discutir. Esto es fácilmente explicable al entender que la democracia ha sido totalmente traicionada. Ante una posición tan contundente de las metrópolis capitalistas, apoyada por todo tipo de instrumentos de coerción, la actitud de los gobiernos de la mayoría de las pomposamente llamadas "economías emergentes" no han hecho más que aceptar y, en muchos casos, abrazar con gusto el neoliberalismo, porque su primer objetivo es mantenerse en el poder. De esta forma, al obtener su legitimación al apoyar la agenda económica global del G7, los grupos en el poder de la periferia pueden prescindir de buscar obtener la legitimación de sus sociedades civiles mediante un proceso realmente democrático y de competencia. El caso de México es al respecto harto elocuente.

    En la mayoría de los países, la globalización nunca ha sido presentada como un concepto económico y mucho menos ha sido explicada. Jamás hemos visto la fotografía completa. Si en México nos hemos enterado de esta realidad, es porque, ante el constante deterioro socioeconómico, la sociedad civil encabezada por algunos investigadores sociales e intelectuales, por las denuncias de las ONGs y por algunos partidos políticos, nos hemos ido gradualmente informando y tomando conciencia. Simultáneamente, ante tal avalancha de insatisfacciones en todo el mundo, las críticas y las acciones de todos los actores sociales nos han permitido ver que esto es un problema mundial y estamos viendo como la prensa extranjera, la prensa local y el internet le dedican una amplia cobertura. Esta toma de conciencia ha sido gradual porque, en la mayoría de los casos, los gobiernos simplemente han implementado las medidas necesarias para este proceso, mientras que las explicaciones sólo han sido sobre aspectos aislados y fuera de contexto sin ninguna alusión al escenario principal de la economía global y sus implicaciones sociales. En México y en las otras "economías emergentes," ha sido un esfuerzo conjunto de los centros de poder mundial utilizar al FMI y al Banco Mundial para imponer el Neoliberalismo. Por eso, desde hace años estos organismos se han convertido en los villanos de los países en desarrollo y se les ha acusado de abandonar sus funciones originales de estabilidad monetaria para el FMI, y de desarrollo económico para el Banco Mundial. Se les acusa, con justa razón, de que han condicionado sus funciones a la aceptación del paradigma neoliberal por parte de los países en necesidad de financiamiento. EL FMI, en particular, ha sido fuertemente criticado por sujetarse a los intereses hegemónicos imperialistas de los Estados Unidos para empujar la liberalización de los mercados mundiales donde sus transnacionales obtienen amplias ventajas competitivas. Por supuesto, esto no libera de culpa a los gobiernos prestatarios, pues en la mayoría de los casos, el caos económico en que metieron a sus países se debió a la falta de capacidad de gestión, a una gran negligencia y a una voraz corrupción. Esto explica porqué para gobiernos que detentan las oligarquías locales aglutinadas en partidos como el PRI, es mucho más inteligente aliarse a Estados Unidos y sus intereses hegemónicos, en lugar de defender a sus sociedades civiles. De hacerlo, primero tendrían que afrontar las consecuencias de negarse a aceptar el condicionamiento de los organismos del "Consenso de Washington", defender su economía ante el ostracismo financiero y aguantar los ataques desestabilizadores de los perjudicados: los Estados Unidos y sus transnacionales y la clase empresarial local; quienes les retirarían su apoyo y los obligarían a jugar un juego electoral abierto, donde los agraviados buscarían manipular los procesos en favor de quienes sí se plegaran a sus intereses.

    Un conflicto de intereses

    A pesar de las críticas, los promotores del "Consenso de Washington" insisten en que el libre comercio y la completa desregulación y apertura económica en todas partes, es el único camino a un sistema económico eficiente. Pero, ¿qué quieren decir con eficiente? Eficiente en el contexto neoclásico neoliberal quiere decir que la ley de la oferta y la demanda fija las compensaciones de los factores de la producción de una forma totalmente libre, precisamente en función de la disponibilidad de esa oferta y esa demanda. Esto implica que las rentas de los dueños del capital así como los costos de quienes proporcionan el trabajo se rigen de acuerdo a esas demandas y disponibilidades. Sin embargo, lo que no dicen es que las reglas para determinar los costos laborales y las rentas de los dueños del capital no se aplican de la misma forma en el Primer Mundo que en el Tercer Mundo. Es decir, en el Primer Mundo, debido a la consolidación de la democracia y de sus logros alcanzados específicamente en materia laboral, los costos de mano de obra han llegado al nivel de lo que Marx llamaba salarios éticos y que hoy en día en Estados Unidos se les denomina como salarios dignos (living wages). Esto es, salarios que permiten a los trabajadores proveer a su familia con las necesidades básicas: vivienda con equipamiento moderno y construcción legal, electricidad, agua potable, drenaje, gas, ropa, alimentos y acceso a educación y servicios de salud eficientes y confiables. En el Mundo en Desarrollo, en cambio, los salarios son los mismos salarios de miseria que existían durante la revolución industrial en Inglaterra o la llamada "Edad Dorada" (Gilded Age) en Estados Unidos, antes de las victorias sociales que generó la democracia, y que no proveen la capacidad de cubrir las necesidades mínimas del individuo. Los dados por tanto están cargados en favor de los países del Primer Mundo con la intención ex profeso de mantener el orden establecido en la distribución internacional del trabajo de la también llamada "nueva economía", que los beneficia unilateralmente. Esta es la verdadera razón de su insistente dogmatismo sobre los caminos hacia el desarrollo económico. El Consenso de Washington, en su contexto más amplio, es el mote dado a la agenda neoliberal para un orden económico global, con los BWIs como sus principales vehículos de ejecución. Y se le llama de Washington porque el principal beneficiario es, por supuesto, Estados Unidos y porque ésta es la sede de los BWIs.

    Es importante también entender que el neoliberalismo económico es, por lógica, un paradigma netamente anglosajón a partir del predominio económico inglés, primero, y, después, estadounidense. Desde el surgimiento del imperio inglés, posterior al surgimiento de la filosofía liberal inglesa de las plumas de Hume y Locke, la filosofía económica inglesa ha tenido gran influencia en el desarrollo del capitalismo mundial. El liberalismo económico que inició su gran impulso con Adam Smith en Escocia con su famosísima "Investigaciones Sobre la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones" en 1776, y con el enciclopedismo francés, con sus "Fisiócratas" autollamados "economistas", creadores de la "Tableau Economique", quienes eran contemporáneos y amigos de Smith, buscaba liberar a sus sociedades del absolutismo ilustrado, que en términos económicos se ejercía a través del llamado mercantilismo. Este mercantilismo estaba constituido por los monopolios que las monarquías y aristocracias explotaban en sociedad. Estas eran las famosas compañías de especies tales como las compañías francesas e inglesas de la India Oriental. Por eso, el verdadero sentido de liberalismo original era terminar con los monopolios e impulsar el crecimiento económico a través de la libertad de decenas de miles de pequeños empresarios para buscar individualmente su propio interés. La filosofía inglesa de David Hume, impulsora del individualismo, tuvo gran influencia tanto en Smith como en Quesney y sus "Fisiócratas" franceses y, posteriormente, en David Ricardo, Jeremy Bentham y su utilitarianismo y, por supuesto, en John Stuart Mill ,para el desarrollo de la filosofía económica liberal clásica. El aspecto más importante de sus ideas, era el hilo conductor que los unía, sobre todo a Smith y a Stuart Mill, hacia la búsqueda del bien común. Sin embargo, a pesar de esta importante influencia, el verdadero capitalismo inglés se convirtió, en su praxis, en la explotación macabra del hombre por el hombre, tan bien descrita en las fábricas textileras de la prosa dickensiana, donde el surgimiento de las grandes fabricas de la revolución industrial iban paulatinamente reduciendo el espacio del pequeño empresario. No fue hasta las grandes revueltas de 1848 y de la aprobación de las Leyes de Pobres que las cosas empezaron a mejorar. Sin embargo, al tiempo que el imperio inglés llegaba a su cúspide en la era victoriana, el imperio estadounidense surgía en forma embrionaria con la formación de los grandes trusts monopólicos y salvajes. Estos trusts fueron, a la postre, a partir de la guerra con España en 1898, los precursores de las grandes transnacionales y del nuevo imperialismo anglosajón que hoy vivimos. El hilo conductor de éste, es el trastocamiento del liberalismo original por la filosofía del "Darwinismo Social", de la supervivencia del más apto, impulsada por los ingleses Herbert Spencer y Walter Bagehot, éste último, editor por largos años de la revista The Economist. La gran diferencia es que, mientras con Adam Smith y los clásicos se buscaba liberal al individuo como prerequisito para el bien común, en el segundo se busca el individualismo exacerbado para conseguir el propio beneficio a expensas de los demás, como resultado de la lucha por la supervivencia del más apto. Esta es la filosofía capitalista que reinó en Inglaterra hasta la Primera Guerra Mundial y en Estados Unidos hasta la llegada de la Gran Depresión, cuando Franklin Roosevelt instituyó el Estado de Bienestar como una responsabilidad inherente a los gobiernos democráticos, bajo una filosofía económica keynesiana, del también inglés: John Maynard Keynes. A partir de la Segunda Guerra Mundial, el paradigma económico keynesiano, con los gobiernos como agentes responsables de intervenir en la economía para eliminar los excesos del capitalismo y balancear la economía en favor del bien común mediante un estrategia económica de demanda, dominó durante treinta años de posguerra. Pero a partir de que Nixon separó al dólar del patrón oro, en 1971, debido a los crecientes déficits y presiones inflacionarias generadas por la guerra de Vietnam y a las alzas del precio del petróleo como represalia tercermundista a un sistema económico (el de Bretton Woods) hecho en beneficio de los productos manufacturados del Primer Mundo y en detrimento de los productos primarios del Tercer Mundo, se generó una recesión que terminó con el keynesianismo y dio entrada al monetarismo neoliberal. Así, exceptuando treinta años de posguerra donde se dio énfasis a la reconstrucción de Europa y Japón y a la recuperación de sus mercados y de la demanda agregada, hemos vuelto a un ethos de liberalismo trastocado, hecho a imagen y semejanza del darwinismo social de antaño, de la filosofía anglosajona del indivi-dualismo exacerbado y del dominio del más fuerte en términos de oligopolios transnacionales en detrimento de la pequeña y mediana empresa, que en todo el mundo capitalista ha sido la principal generadora de empleos. Hago énfasis en el hecho de que hoy en día se vive un capitalismo bajo una concepción anglosajona del mundo, para hacer ver que esa concepción, basada en la ley del más fuerte, de quien vence sujetando o destruyendo a la mayoría, no puede beneficiar más que a unos pocos porque esa es su cualidad natural. Esos pocos, son sus diseñadores y sus principales socios, el grupo de los siete: EEUU, Inglaterra, Canadá, Japón, Alemania, Francia e Italia y el resto de los países europeos con democracias maduras y economías desarrolladas. De esta forma, el actual paradigma anglosajón "darwinista", para diferenciarlo del también paradigma anglosajón keynesiano, con responsabilidad social, es el descendiente directo del mercantilismo absolutista y de las empresas dickensianas de la revolución industrial y de los trusts estadounidense de fines del XIX; y está diseñado para forjar sus fortu-nas, en una parte muy importante, extrayendo la riqueza de los países periféricos de forma totalmente explotadora y amoral.

    Cabe entonces preguntarse si no existe un gran conflicto de intereses entre la agenda neoliberal, hegemónica, diseñada para beneficio principal de las transnacionales anglosajonas y los intereses de las sociedades civiles del mundo periférico. ¿Es, realmente, un sistema de economía eficiente, tan importante para estas sociedades periféricas como lo es para los centro de poder económico mundial? Evidentemente no lo es, porque, primeramente, existe una brecha abismal en el nivel de desarrollo social y democrático entre el centro y la periferia; y, por consiguiente, los términos de eficiencia, para esta última están basados en la asignación de un costo laboral insultantemente injusto en contraste con los costos adjudicables al factor laboral en el Primer Mundo. Pero, por encima de esto, debemos considerar que el objetivo de la economía global neoliberal de alcanzar la máxima eficiencia se mueve en dirección opuesta a los objetivos de justicia social tanto en las potencias económicas como en la periferia. Porque la búsqueda de la máxima eficiencia siempre se alcanza, en primera instancia, eliminando empleo mediante el recorte de personal para aumentar utilidades y, secundariamente, mediante el desarrollo tecnológico y la reingeniería de procesos. Por eso existe un gran conflicto de intereses. La globalización que abre los mercados de consumo, de mano de obra y de recursos naturales al libre comercio y la inversión, es un ethos ideal para la prosperidad de las TNLs. En este ethos éstas pueden escoger los mercados y los ambientes económicos para la inversión sin ningún tipo de corresponsabilidad. En el momento que no les satisfaga la política fiscal o las demandas salariales se pueden mudar a otro ambiente más "amigable". En teoría económica, el capital, la mano de obra y las materias primas son los factores de la producción. Pero en el neoliberalismo la mano de obra, es decir: nuestros congéneres seres humanos, son reducidos al valor de un producto primario. Yo considero que esto es inmoral. Pues no se pueden reducir a simples fórmulas la suerte de miles de millones de personas que son convertidas en sujetos de una visión basada en un colección de principios que erigen a la acumulación de riqueza como su valor central. Esta visión se desentiende de la necesidad de la solidaridad humana y afirma que el camino correcto es aquel en el que los individuos se hacen responsables de sí mismos y cuidan, individualmente, de su propio interés. Pero el argumento del individualismo abre el camino para que las corporaciones alcancen la máxima eficiencia al asegurar el costo más bajo de mano de obra bajo términos de explotación infrahumana. Lo más incongruente de todo esto es que las corporaciones no son individuos, sino organismos que creen tener el derecho de conducirse bajo circunstancias de privilegio frente a los individuos. Los individuos deben ser individualistas y rechazar la solidaridad pero ellas sí pueden actuar como colectividades todo poderosas. Este es el motivo real detrás de la presión que los centros de poder ejercen en la periferia para la apertura de los mercados, a la vez que muestra la lógica racional oculta detrás del neoliberalismo económico. Las TNLs sólo alcanzan la eficiencia máxima a expensas de la justicia social. Por lo que, para cada sociedad civil, el permitir o no que se alcance esta meta a expensas de la justicia social, se convierte en una cuestión de ética social y de voluntad política.

    Como Ocurre la Explotación

    La globalización la imponen, como ya se ha dicho anteriormente, los centros de poder a través de las instituciones de Bretton Woods, sobre las cuales Estados Unidos tiene completo control. Esta imposición es posible debido a la combinación de efectos que en el desarrollo económico ha tenido la corrupción institucionalizada, la negligencia e incapacidad en la gestión y el capitalismo entre "amigotes", que priva en muchos países en desarrollo, dentro de los cuales México, por supuesto, se disputa el estrellato. Esta combinación ha llevado a muchos países a tener a sus economías postradas en la bancarrota y en la necesidad de endeudamiento para apalancarlas muy por encima de sus capacidades, lo que impide que puedan resistir la imposición de condicionamientos en los financiamientos, a la aceptación del paradigma neoliberal.

    La consecuente apertura, además de desaparecer a una buena parte de su base industrial doméstica, perpetúa la situación de pobreza de la clase trabajadora, ya que el principal motivo para la inversión extranjera directa es eficientar su operación global vía el aseguramiento de los costos laborales más bajos del mercado. En el caso de México, esto es especialmente cierto, por ser la frontera entre el Tercer Mundo y la economía más grande del planeta y por el establecimiento del TLC. Así mismo, con esta apertura de las economías en el mundo en desarrollo, pasando de la estrategia de sustitución de importaciones al neoliberalismo, se genera una competencia para atraer inversión directa a través de devaluaciones competitivas y de mantener al sector obrero maniatado a sueldos de miseria. Esta competencia, por captar inversión directa ofreciendo a las TNLs costos de inversión y de operación lo más atractivos posibles, provoca a su vez un círculo vicioso en el endeudamiento, ya que las TNLs se llevan la mayor parte de la plusvalía y poco se queda como demanda agregada en el mercado. Así, entre el pago de intereses de deuda y de cierta amortización del principal de las deudas públicas y privadas, y de las transferencias de capital de las TNLs a sus matrices por concepto de regalías, licencias y utilidades, la transferencia de capital es negativa para los países en desarrollo, en la mayoría de los casos. En el caso de México, esta tendencia es todavía mas exacerbada, por su situación geográfica, con el desarrollo de la industria maquiladora que actualmente emplea a más de un millón de trabajadores. Las maquiladoras que después de cuarenta años de existencia promedian un 2% de contenido local, a los únicos que benefician en México son a los gobiernos y a los empresarios de los parques industriales y de las empresas que maquilan. Con seguridad no hay ejemplo más ilustrativo de la explotación dickensiana de la mano de obra mexicana, a manos de TNLs que pagan sueldos diez o más veces superiores en el Primer Mundo, que la mano de obra de maquila. Explotación que además cuenta con la solidaria y patriótica cooperación de los gobiernos federales, estatales y municipales, quienes se encargan de proveer todo tipo de incentivos a las empresas extranjeras, incluyendo garantías para impedir cualquier actividad sindical.

    Esta última cuestión no debe interpretarse a favor de la sustitución de importaciones. Indudablemente, la apertura de mercados obliga a que las empresas se vuelvan competitivas mientras que una política aislacionista puede perpetuar el conformismo empresarial. Sin embargo, el fracaso del modelo de desarrollo estabilizador vía sustitución de importaciones en México, se dio no por fallas inherentes al concepto, sino porque era un modelo hecho para ordeñar la mano de obra y el mercado por parte de una clase oligárquica que en compadrazgo con el gobierno tenía el pastel servido y obtenía grandes ganancias sin gran esfuerzo. Si no se era eficiente en los procesos, ni en la tecnología, ni se producía con calidad, se era, y se sigue siendo, sumamente eficiente en el costo de mano de obra, lo que permitía obtener buenas utilidades.

    Independientemente de que, por razones geopolíticas, países como Japón, Corea del Sur y Taiwan gozaron por muchos años de términos de comercio asimétricos con Estados Unidos, que jamás ha disfrutado ningún país de Iberoamérica, los resultados de su periodo de sustitución de importaciones fue muy distinto. Japón ha fincado su gran competitividad en la sustitución de importaciones y luego en su gran poder exportador. Así, hoy por hoy, Japón sigue siendo, esencialmente, un exportador de manufacturas e importador de materias primas, y todavía mantiene una economía muy cerrada a pesar de la presión estadounidense en sentido contrario. Su éxito, se ha basado en educar a su capital humano y en ofrecer sueldos dignos a sus trabajadores, teniendo como meta el pleno empleo garantizado; lo que les permitió generar una demanda agregada sobre la que ha estado anclado el desarrollo de su competitividad industrial. Además, sus empresas trabajan en cadenas de producción: Los Keiretsus, con el sólo fin nacionalista de proteger su fuerza económica y su competitividad. Los Coreanos, además de emular parcialmente el método japonés, cuando su modelo de sustitución de importaciones llego a sus límites, no se abrió ni indiscriminadamente ni abruptamente. Se ha abierto de una manera selectiva enfocada a apoyar sobre todo a la industria de exportación; una industria de exportación local y no transnacional. En estos países, el capitalismo es resultado de culturas producto de un sincretismo confusionista, budista, sintoísta, y de otras religiones regionales que tienen como común denominador una ética comunitaria, que en términos económicos se traduce en la búsqueda del pleno empleo, elemento que además era un objetivo central del paradigma keynesiano que duró hasta fines de los 70s.

    Si comparamos esto con México, vemos primero que no existe un capitalismo de estilo comunitario, sino una adaptación del capitalismo estadounidense, de aves de rapiña, con lo cual se trata a la mano de obra como el factor más explotable. Es por esto que nuestra apertura comercial ha sido en gran parte abrupta e indiscriminada, sin ningún tipo de consideración social, ni de competencia, motivada puramente por intereses de grupo en el poder, que decidieron insertar a México en la nueva división internacional del trabajo, bajo el modelo neoliberal como proveedores de mano de obra 100% explotable al mas ínfimo costo. Todo esto hecho para asegurar el apoyo estadounidense para mantenerse en el poder. Así, la sustitución de importaciones no es intrínsecamente negativa para el desarrollo. Esta sustitución ha sido una excelente etapa de desarrollo para varios países Asiáticos porque se ha aplicado con criterios realmente nacionalistas y no oligárquicos como en Iberoamérica. El que el gobierno y gran parte del sector privado denuesten esta estrategia ,ha sido una simple excusa para imponer el neoliberalismo por así convenir a sus intereses, y porque, efectivamente, la sustitución de importaciones a la mexicana, no podía ni generar gran riqueza ni redistribuirla mientras el factor laboral siguiese financiando a la oligarquía nacional. No lo va a hacer tampoco el neoliberalismo, sólo se le ha dado gusto al imperio estadounidense, con tal de mantenerse en el poder.

    Falacias de la Competitividad

    Como es lógico, el impulso hacia la competitividad ocurre de una forma que brinda mínimos beneficios a la mayoría de la población de los países en desarrollo. Es incuestionable que en el capitalismo la eficiencia y la competitividad son de suma importancia. Pero si la eficiencia significa mantener a los trabajadores de las TNLs en el Tercer Mundo ganando una décima parte de lo que ganan sus contrapartes en las "metrópolis", y sin embargo, las corporaciones obtienen los mismos niveles de calidad en la producción, entonces el tan cacareado principio de equilibrio entre la oferta y la demanda, que argumentan quienes apoyan el neoliberalismo, es una falacia y una argucia. Esto es cierto no sólo por su carencia de veracidad científica, como George Soros ha demostrado, sino también porque los salarios que pagan las TNLs en el Primer Mundo son diametralmente diferentes de los que pagan en la periferia por hacer exactamente el mismo trabajo. El argumento consiste en que si estamos viviendo en una economía global, ¿no deberíamos de estar utilizando una sola ecuación global de la oferta y la demanda? El hecho es que los mercados no operan en un vacío aislados del resto de las fuerzas sociales. Y, por lo tanto, es sólo en la periferia, con democracias incipientes y capitalismo de compadres, donde las corporaciones tienen el poder para deprimir el costo laboral a su ínfimo nivel, y subsidiar en la práctica los costos muchos más altos pagados a los trabajadores que ellos eligen mantener empleados en los países desarrollados.

    Esto es directamente el resultado de una explotación rapaz reminiscente de la revolución industrial mediante una estrategia concebida ex profeso para beneficiar sólo a los poderosos, sean individuos o sus corporaciones y los gobiernos nacionales. No es de extrañar, en consecuencia, que en la teoría del neoliberalismo no haya mención sobre la distribución de la riqueza, en términos de permitir que la oferta y la demanda sean manejadas bajo términos equitativos. Al contrario, la redistribución de la riqueza representa un anatema en este ethos, pues hoy por hoy, el viejo adagio de la máxima utilidad con el mínimo esfuerzo sigue siendo el fin central del neoliberalismo por lo que el mismo producto no debe de costar lo mismo producirse en todas partes. Como resultado, todo mundo pierde excepto las TNLs y sus socios. El trabajador del Primer Mundo pierde su empleo porque es transferido a la periferia y ésta permanece bajo una pobreza abyecta, ganando menos de una décima parte de lo que solía costar en el "Norte". Así, nos enfrentamos a una clara estrategia para regresar a la época de los imperios coloniales del mercantilismo y del capitalismo rapaz.

  3. Principios de Justicia Social y Democracia.

La iniquidad nunca se elige mientras que la coexistencia sí.

El capitalismo es el sistema menos imperfecto de coexistencia en nuestra sociedad postmoderna. Su virtud más importante, en su sentido más llano, es la oportunidad del individuo de libremente desarrollar sus talentos y ganarse la vida con ellos, en sintonía con la naturaleza humana. Pero los valores capitalistas no pueden prevalecer sobre los valores democráticos y el valor moral de la solidaridad humana, porque la gente no goza de las mismas oportunidades ni compite bajo términos de equidad. Este es el principio central de este ensayo. La iniquidad ha sido una condición humana desde el inicio de su historia. Además, las personas no eligen las condiciones socioeconómicas ni políticas donde nacen. Esto es una realidad insoslayable. Sin embargo, si nosotros aspiramos a una coexistencia pacífica, no podemos permitir una visión darwiniana del capitalismo, donde la supervivencia económica del más apto prevalezca. Porque si rechazamos la solidaridad humana y la coexistencia pacífica entonces sólo podremos esperar un conflicto sin tregua así como la destrucción humana. Uno de los errores constantes en la historia de las sociedades humanas es que tendemos, demasiado fácilmente, a reclamar poseer la verdad última. Y en ese proceso hemos estado muy predispuestos a movernos a los extremos con fatales consecuencias. Por lo que, a pesar de lo imperfecto que la teoría económica capitalista y nuestro pensamiento colectivo sobre las ideas de desarrollo social puedan ser, deberemos reconocer que tomar los mejores conceptos de ambas nos aproximarían, de la manera más sensata, a la concepción mejor balanceada sobre el camino correcto hacia el desarrollo social.

Desafortunadamente, después de la caída del bloque soviético, hemos experimentado un endurecimiento del capitalismo comparable a aquel de la revolución industrial. Por tanto debemos de encontrar la forma de eliminar todos sus efectos negativos creando un balance entre una economía de mercados abiertos y las responsabilidades sociables, insoslayables, que cada gobierno, cada multinacional y cada organización económica o política debe de tener. Sin embargo, la mayor parte de estas responsabilidades sociales han sido abandonadas en pos de acrecentar ininterrumpidamente la riqueza de los accionistas de las corporaciones, quienes demandan cada vez mayores dividendos a expensas del trabajo humano, sin ningún escrúpulo. Y, por supuesto, no se piensa, ni por un instante, en la redistribución de la riqueza. Por lo tanto, junto con una rehabilitación de la democracia, los esfuerzos claves deberán ser concentrados en la redistribución ya que al redistribuir la riqueza, el trabajo y el capital se beneficiarán conjuntamente, fortaleciendo aún más el valor del mercado.

La Redistribución de la Riqueza es la Llave para Alcanzar la Justicia Social.

Que redistribuir la riqueza es la única solución real y permanente es incuestionable, y por tanto, debemos concentrarnos en cómo redistribuirla. Muchos gobiernos, incluyendo el mexicano, destinan presupuestos a mitigar la pobreza. En muchos casos, lo hacen con medidas de corte auténticamente populista y manipuladoras del voto ciudadano de aquellos en mayor desgracia económica. Así, los gobiernos priístas que tanto han criticado los subsidios y han reducido al mínimo el nivel de protección social para los más desposeídos, por considerarlos contrarios al paradigma neoliberal, condicionan por otro lado e hipócritamente, la asistencia social al monopolio electoral de la intención de voto de los agraciados. De este modo, los programas especiales de ayuda social, como Solidaridad o el Progresa, dirigidos a complementar el gasto familiar, son manejados con todo tipo de artimañas propagandísticas y manipuladoras a favor del PRI. Sin embargo, aún en los casos en que las redes de protección social, destinadas a amparar a los más desprotegidos, sí son aplicadas de una manera ética, profesional y con verdadera vocación de asistencia, éstas no pueden resolver en nada el problema de la pobreza. Todos los programas de ayuda social en el mundo, sea que vengan de Naciones Unidas, de otros organismos o de los propios gobiernos, no pueden disminuir la pobreza porque no están dirigidos a atacar los elementos que la generan. Lo único que pueden hacer todos estos programas, es mitigar el sufrimiento de la pobreza. Son mitigadores de ella, no eliminadores de la misma o redistribuidores de riqueza. Que dichos programas son necesarios dadas las condiciones actuales, es evidente; pero ésta no es ninguna solución aunque muchos gobiernos pretendan hacer creer que a través de estas acciones están cumpliendo con su responsabilidad de abatir la pobreza. El problema de la pobreza en el sistema capitalista es endémico; y sólo manteniendo un balance entre los factores de la producción y controlando los excesos de quienes detentan el poder, mediante acciones concretas para redistribuir la riqueza, es posible eliminar la pobreza. Si la estructura económica de un país genera demasiada pobreza, la única manera de disminuirla es modificando las estructuras de producción económica. Dicho de otra manera, la única forma es hacer que quienes tienen mucho tengan menos y los que posean menos, tengan más. Si en un país como México se genera tal reconcentración de la riqueza hasta el grado que buen número de nuestros millonarios ingresan al club de los hombres más ricos del mundo, mientras se acrecienta la pobreza de la mayoría, es evidente que existe una relación increíblemente injusta entre los factores de capital y trabajo, donde la mayor parte del valor agregado generado por los trabajadores se lo lleva el capital. En el neoliberalismo, el término de laissez faire se ha manipulado para maliciosamente argumentar que todo se debe dejar a las libres fuerzas del mercado porque una mano invisible hará que toda la riqueza que se genere se filtre de arriba hacia abajo, por fuerza de gravedad, y baje en cascada. Es lo que George Bush llamaba the trickle down economy, la economía por goteo, cuando se sabe perfectamente, a partir del keynesianismo del Nuevo Trato, que la única manera de redistribuir la riqueza es a través de la muy visible mano del estado, que deberá actuar como agente regulador. Invariablemente, en la historia del capitalismo de los últimos doscientos cincuenta años, se ha comprobado que cuando el gobierno se abstrae de intervenir en la economía, la iniquidad entre ricos y pobres se dispara. Por eso, la riqueza no se puede dejar a las leyes de gravedad porque quienes detentan el poder económico saben muy bien que no depende de eso, sino de su voluntad de ceder la parte que justamente corresponde al factor trabajo por la plusvalía de su labor. Esto, el pago de un salario digno, con el que se puede vivir dignamente, valga la redundancia, se logra sólo con un gobierno democrático que se sienta responsable de rendir cuentas a toda la sociedad civil. Por eso, la riqueza no se distribuye en cascada sino desde la base en el momento mismo en que el trabajo y el capital generan riqueza. En México, no está de más repetir que no hay una democracia sin ambages y que los gobiernos de los últimos dieciocho años no han hecho otra cosa más que, con plena convicción, tomar las medidas económicas que les permiten mantenerse en el poder. Por supuesto, Maquiavelo los comprendería. Así, los gobiernos tienen plena conciencia de que la brecha se ha ensanchado tanto que ya se ha formado un "Cuarto Mundo" de cincuenta millones de mexicanos que viven en la pobreza más abyecta. En veinte años nuestros gobiernos autocráticos y sectarios nos han hecho retroceder cien años situándonos en una realidad con un grado de disparidad social tan dramática como en el porfirismo. Como consecuencia, debe quedar claro que no hay verdadera solución a la pobreza más que la redistribución de la riqueza. Todas las demás opciones, o son mitigadores de la pobreza o soslayan el origen de la misma.

Debido a que no hay otra solución verdadera a la creciente pobreza en el mundo capitalista más que la redistribución de la riqueza, las corporaciones y las instituciones financieras internacionales deben de ser influenciadas para que amplíen sus perspectivas para que el capital humano reciba un valor justo. Si todos los sectores de la sociedad se comprometieran a la redistribución mencionada estaríamos reduciendo la brecha entre ricos y pobres al tiempo que generaríamos un mercado mucho más fuerte. Sin embargo, las corporaciones y los accionistas no ven mérito, para sus propias ambiciones, en cobrar menores márgenes de utilidad de mercados con muchos más consumidores disfrutando de un buen poder de compra, que márgenes más altos de mercados raquíticos con clases medias que están desapareciendo. De hecho, las TNLs están mucho más interesadas en el Tercer Mundo por la posibilidad de explotar al máximo a su fuerza laboral, que por la posibilidad de desarrollar nuevos mercados para sus productos o servicios. Su objetivo es maximizar utilidades en sus mercados del Primer Mundo colapsando los costos de producción en sus fábricas del Tercer Mundo. Es evidente que todos sus pensamientos están dominados por intereses cortoplacistas. Desde que el control de las TNLs pasó de los altos ejecutivos a los inversionistas institucionales en los mercados de valores éstas se rigen por expectativas inmediatas de modo que no hay espacio para pensar visionaria y solidariamente porque redistribuir la riqueza y crear un mercado substancialmente mayor, con seguridad, tomaría toda una generación y un compromiso sostenido.

La globalización es tan perniciosa que muchas organizaciones dedican toda su energía a mitigar sus efectos negativos, pero el mitigarlos no elimina un orden injusto. En su lugar, es con los organismos financieros internacionales donde está la oportunidad de cambiar este orden, a nivel macroeconómico, y hacer que estos cambios ocurran más pronto que por cualquier otro medio. En el mundo ya no tenemos mucho tiempo que perder, en términos de sufrimiento humano, antes de que se tomen verdaderas acciones para cambiar el status quo. Al mismo tiempo, a nivel microeconómico, es con las multinacionales donde podemos lograr los mejores avances al forzarlas a compensar de una manera justa a sus trabajadores en el mundo en desarrollo.

Ganancias comparativas en costos laborales deben balancearse con ganancias comparativas en justicia social.

A nivel macroeconómico, el primer paso hacia la justicia social es detener la política que los organismos de Bretton Woods, o los bancos regionales de desarrollo ejercen al condicionar sus créditos a la aceptación, por parte de los países prestatarios, de la apertura de sus mercados. En su lugar debe de implantarse el condicionamiento en función del grado de desarrollo social, de la erradicación de la pobreza y del imperio del estado de derecho anclado en instituciones democráticas. Dicho de otra manera, la globalización económica (la aplicación de las mismas normas de mercado) no puede estar por encima de la globalización democrática (la aplicación de las mismas normas de desarrollo social y democracia en todas partes). Este es el reto de la globalización del fin del milenio.

Para lograr esta meta, debemos pensar en la estructura moral de las sociedades que se precian de ser democráticas y recordar que los valores monetarios no pueden imponerse a los valores sociales. El retroceso en el desarrollo social actual existe porque los valores humanos han sido reemplazados por el culto al dinero en forma universal. Por eso la posibilidad de redistribuir la riqueza es cuestión de tener capital moral en términos de solidaridad humana ya que el individualismo exacerbado, a la larga, no beneficia a nadie. En México, persiste el espejismo de que en el Primer Mundo, sobre todo en los Estados Unidos, la riqueza material sigue aumentando gracias a la apertura económica. Esto es una falacia total. Además de que la apertura económica ha sido mucho más selectiva y discriminatoria que la que han emprendido en México los tres últimos gobiernos, en el "coloso del norte" la pobreza está aumentando y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. Sucede que múltiples estudios de reconocido valor muestran que dentro del Primer Mundo, son los países anglosajones, los que han liderado el neoliberalismo mundial y donde más se ha acrecentado la disparidad entre ricos y pobres. ¡Eh aquí! en el corazón del capitalismo a ultranza, que la pobreza está aumentando a la par que se forman grandes oligopolios transnacionales. Los reportes: The State of Working America 98-99 (Situación Laboral de EEUU) del Economic Policy Institute (EPI) en Washington; y el Reporte de Desarrollo 1998 del Banco Mundial, muestran tendencias de empeoramiento en la distribución de la riqueza en los Estados Unidos e Inglaterra, mucho más acentuadas que en el resto del Primer Mundo. La pobreza está aumentando a partir de la imposición del neoliberalismo. No podemos comenzar a avanzar en materia de redistribución de la riqueza mientras no aseguremos un medio ambiente democrático. La razón por la cual los países en desarrollo caen presas de la globalización es porque sus gobiernos no están sostenidos en la legitimidad que emana de sus electores. En su lugar, existen parodias de democracia y dictaduras controladas por élites de capitalismo sectario de compadrazgos. Es importante en consecuencia, obligar a los organismos financieros internacionales a expandir su condicionamiento a la existencia de un ambiente verdaderamente democrático y de justicia social. Sólo así las sociedades pueden exigir y obtener avances significativos en justicia social y alcanzar la redistribución de la riqueza. Partiendo de la premisa de que la solidaridad humana, arraigada en los valores democráticos, es la única forma de coexistencia pacífica y de progreso social, debemos de mudarnos del neoliberalismo hacia un capitalismo democrático y sostenible; lo que no es otra cosa más que un enfoque balanceado, donde el trabajo, el capital y el medio ambiente se beneficiarán equitativamente, aumentando el valor económico de los mercados y la calidad de vida de las sociedades democráticas.

A nivel microeconómico, como se ha ya citado, se debe obligar a las transnacionales a pagar salarios justos a sus trabajadores en el Tercer Mundo. Este debe de ser el paso inmediato tanto de los gobiernos como de sus sociedades civiles. La brecha que existe entre los salarios que las TNLs pagan en el Primer Mundo y lo que pagan en el Tercer Mundo es tan enorme, que si se aumentaran estos últimos varias veces, aún así disfrutarían de un ahorro en costos enorme.

A simple vista suena fácil decir esto más no el hacerlo. Sin embargo, tanto los gobiernos como sus sociedades civiles poseen instrumentos de coerción para obligar a las TNLs a dejar de pagar salarios de miseria. Más dado que este ensayo parte del hecho de que la injusticia social está aumentando porque la democracia no está funcionando, su propuesta va dirigida a las sociedad civiles porque, por ahora, no se puede contar con sus gobiernos. Estos, como he dicho, son los primeros interesados en, e instrumentos de, la globalización neoliberal; y las sociedades civiles tienen que tomar las riendas de su propio destino y detener este proceso. Afortunadamente, la injerencia directa de las sociedades civiles en la conducción de sus países no es una situación excepcional. A la par que ha avanzado el neoliberalismo se han movilizado múltiples sectores de las sociedades en oposición a las medidas de los gobiernos. Esto se ha dado en todos las esferas del acontecer civil; desde los procesos electora-les y de justicia social hasta los de responsabilidad ambiental y de derechos humanos. Ha sido el deterioro de los mecanismos democráticos o, simplemente, de la nunca consolidación de ellos, como es el caso de México, que han surgido las llamadas Organizaciones No Gubernamentales o ONGs. Estos movimientos han surgido tanto en el Primer Mundo como en el Tercer Mundo para subsanar los grandes huecos de responsabilidad abierto por los gobiernos y detener muchas políticas que son abiertamente antisociales y antidemocráticas. La decadencia y prostitución de los sistemas democráticos en favor de los centros de poder capitalistas domésticos e internacionales se ha vuelto un problema mundial mayor. Por esta razón, la segun-da parte de este ensayo sugiere cómo abordar al neoliberalismo enfocándose en uno de sus principales actores y benefactores: las empresas transnacionales y en los únicos organismos capaces de movilizar a la sociedad y lograr el cambio: las ONGs.

Parte II. Globalizar la Riqueza.

1. Objetivos mínimos

Para lograr contrarrestar el creciente deterioro social que se genera a través de la globalización de los mercados en favor de las TNLs, es necesario definir los objetivos que las ONGs que decidan involucrarse en esta labor deban fijarse. Considero que para revertir la tendencia a utilizar la mano de obra de los países en desarrollo con el sólo objeto de maximizar utilidades al explotar su trabajo, los siguientes objetivos deben ser incorporados:

• Alcanzar la redistribución de la riqueza en los países del Tercer Mundo al comprometer a las corporaciones transnacionales a incrementar sustancialmente los salarios, las prestaciones y las condiciones de trabajo en todas sus operaciones en esta región.

• Lograr la redistribución de la riqueza en el Tercer Mundo comprometiendo a los mismos fines a todos los proveedores de materias primas, bienes intermedios y productos terminados para las TNLs en los países anfitriones.

• Influir en las instituciones financieras multilaterales para que condicionen de manera efectiva, los financiamientos para los países en desarrollo, al establecimiento de una real democracia y al apoyo de las demandas de incremento de los salarios, las prestaciones y las condiciones de trabajo ofrecidas por las TNLs, que hacen los movimientos laborales en favor de la justicia social de sus agremiados.

• Contribuir de forma sustancial a un desarrollo democrático y sostenible al lograr la eliminación gradual en la brecha de salarios, prestaciones y condiciones de trabajo, en un plazo razonable, entre los países en desarrollo y los desarrollados mediante la aceptación por parte de las TNLs de su parte de responsabilidad social.

2. El Escenario del Problema Clásico

Como se menciona en la primera parte, existe una brecha enorme entre los salarios, prestaciones y condiciones de trabajo que las TNLs ofrecen en los países desarrollados y los países en desarrollo. Esto sucede porque éstos últimos sufren de líderes que se benefician personalmente de las inversiones hechas por las TNLs, mediante la práctica de un capitalismo de amigotes. Con la liberación de los mercados, las TNLs venden sus productos tanto en los países anfitriones como en el resto de los mercados donde tienen distribución, incluyendo a su mercado doméstico, al mismo precio o a un precio muy similar. Éstas alcanzan la máxima eficiencia cuando el proceso de manufactura en las operaciones que tienen en los países en desarrollo están a la par en calidad y en eficiencia de producción, en línea con las normas que utilizan en su operación doméstica, pero con un costo de mano de obra dramáticamente menor.

Antes de la liberalización de los mercados, la mayoría de las operaciones de las TNLs en los países anfitriones estaban destinadas a atender a sus mercados locales. La legislación local no permitía otra opción. Desde la posguerra y hasta los años 70s, la estrategia de desarrollo en muchos países se basaba en la industrialización a través del cierre de las economías y de la sustitución de importaciones. En muchos países, la legislación para la inversión extranjera estaba diseñada a forzar a las TNLs a entrar en coinversiones con empresas locales bajo condiciones de participación minoritaria. Esto fue especialmente cierto en las industrias de energía, minería y automotriz, consideradas estratégicas para la seguridad nacional o para el desarrollo. Por supuesto se hicieron excepciones con aquellas empresas que ya tenían tiempo de estar establecidas en algunos países con el control del 100% de las acciones. En ese entonces, el argumento de las TNLs para justificar la gran diferencia entre los salarios de sus casas matrices y los de la periferia era que los precios de sus productos en esta última tenían una relación directa con el costo local de producción, las condiciones de mercado para los productos de la competencia y el costo de vida en esos mercados, de tal manera que los márgenes que ellos obtenían eran proporcionales a los que recibían en sus mercados matrices. Con la liberalización de los mercados las TNLs comenzaron a utilizar sus operaciones en los países en desarrollo para satisfacer la demanda en muchos de sus mercados desde unos pocos centros de manufactura, pero ahora comercializando con precios a la par o muy similares en todas partes. En consecuencia, sus márgenes de ganancia se maximizaron al mantenerse bajos los costos laborales y otros costos de producción. Adicionalmente, muchos países en desarrollo, con el fin de atraer a las TNLs, les ofrecieron y siguen haciéndolo, incentivos como la exención de impuestos durante varios años o el subsidio de los servicios de agua, electricidad y de infraestructura, apoyando así aún más la maximización de utilidades.

La situación resultante es una en la que las TNLs se llevan todo el beneficio económico. A menudo los salarios que pagan son superiores al salario mínimo en los países anfitriones y éstos salarios siguen manteniendo a los trabajadores en una pobreza abyecta. Mientras que la calidad de vida de un trabajador de Detroit provee los medios básicos para vivir dignamente y disfrutar de un nivel básico de confort, un trabajador del mundo en desarrollo, que labora para la misma empresa haciendo exactamente el mismo trabajo con el mismo nivel de calidad y destreza, vive en una ciudad de cartón, sin drenaje ni agua potable ni electricidad directa y legal. Debido a esto, el gran diferencial en los costos laborales del Tercer Mundo es agregado al margen de utilidad, reteniendo así la parte que debería de haber proveído a los trabajadores con un nivel de vida mucho más cercano al que disfrutan sus contrapartes en Detroit. El caso más obvio es, por supuesto, la frontera de México y Estados Unidos, donde miles de plantas de ensamble emplean a trabajadores mexicanos por salarios equivalentes a U.S. $0.60 a $0.70/hora, mientras que las corporaciones pagan de U.S. $5.50 a $8/hora por el mismo trabajo del lado estadounidense. En países asiáticos como China el salario por hora puede llegar a los increíbles niveles de $0.20/hora. Alguien me dijo recientemente que en Haití están pagando U.S. $010/hora. El caso extremo sucede cuando los gobiernos, al competir para atraer a las TNLs, inducen devaluaciones competitivas para sostener el nivel de exportaciones y para mantener los salarios y otros costos de manufactura muy bajos y deslumbrar a las TNLs.

El tradicional alegato de las transnacionales, de sus socios comerciales y de los gobiernos federales y estatales, de que las TNLs pagan salarios superiores a los de las empresas domésticas no son, en lo absoluto aceptables. Las TNLs sistemáticamente buscan el ambiente más "amigable" para alcanzar la máxima eficiencia y están consciente y premeditadamente buscando los países donde puedan obtener los costos más bajos de mano de obra, explotando aún más una situación de por sí injusta. En este caso, como ciertamente es el de México, las justificaciones a nivel doméstico a favor de los salarios de las TNLs son de un cinismo, maldad y traición increíble, a la luz del nivel de aberrante pobreza al que se condena a nuestros obreros.

Como se muestra en la siguiente tabla, los empleos con alto nivel de especialización se sitúan claramente por arriba del salario mínimo, pero muy por debajo de un salario digno. Por ejemplo, el salario promedio de manufactura en México en 1997 fue de U.S. $1.75/hora incluyendo prestaciones, equivalente a tres salarios mínimos (el salario mínimo en ese entonces era aproximadamente de U.S. $0.58/hora).

Comparación Internacional de Costos de Compensación
por hora para Trabajadores de Producción en Manufactura
en el G7 y en Países en Desarrollo Seleccionados (3)

País o Región
1975
1980
1985
1990
1993
1994
1995
1996
1997
( En Dólares EUA)
Estados Unidos
6.36
9.87
13.01
14.91
16.51
16.87
17.19
17.70
18.24
Canada
5.96
8.67
10.94
15.84
16.43
15.85
16.04
16.66
16.55
México
1.47
2.21
1.59
1.58
2.40
2.47
1.51
1.54
1.75
Hong Kong REA (1)
0.76
1.51
1.73
3.20
4.29
4.61
4.82
5.14