En
menos de una semana tuvieron lugar dos acontecimientos
que hicieron resurgir con nueva fuerza el controvertido
tema del papel de los medios en un país que como el nuestro
busca insertarse entre las naciones democráticas del orbe.
Ciertamente, tanto el brutal asesinato del locutor Paco
Stanley como el regreso del ex presidente Salinas de Gortari
a México admiten muchas lecturas y remueven muchos escombros
de la política en nuestro país. Sin embargo, una de las
cosas que más ha llamado la atención es la participación
de los medios electrónicos, y sobre todo de las cadenas
televisivas, en el tratamiento de ambas informaciones.
En efecto, parece ganar terreno la percepción de que el
manejo que de ambos hechos hicieron tanto Televisa como
Televisión Azteca fue manipulador, irresponsable, amarillista,
oportunista y tendencioso. Aunque hay que señalar que
en esta ocasión tocó a Televisión Azteca ser el objeto
de las críticas más insistentes.
Los más enardecidos con la actitud de las televisoras
han retomado la vieja querella sobre la necesidad de reglamentar
las prácticas informativas de los medios. Sin embargo,
antes de arribar a conclusiones fáciles alentadas por
el coraje y la impotencia, me parece que hay que ponderar
los diversos aspectos involucrados en este asunto. Mi
posición es que por más irresponsables que sean los medios
en la inducción de conductas mediante mensajes calculados,
por más abyectas que sean sus intensiones en la manipulación
que los alienta, y por más tendenciosa que sea su posición,
reglamentar a los medios atenta contra un derecho esencial
irrenunciable: la libertad de expresión. Además, si han
de reconocerse plenamente nuestros derechos, nos corresponde
a los ciudadanos emitir nuestro juicio sobre la credibilidad
de cada emisora y eventualmente sancionarla con nuestro
repudio. Sobre este punto, tengo la convicción de que
cada vez más televidentes en México sintonizan los noticieros
televisivos más que para informarse de los acontecimientos,
para ver cómo cada noticiero trata los temas más controvertidos,
cómo introduce contenidos tendenciosos y cómo busca manipular
a la opinión pública.
Según esta apreciación, los únicos que siguen creyendo
que pueden manipular a la opinión pública de manera arbitraria,
burda e indiscriminada son los propios medios. En la realidad,
la sociedad emite permanentemente su juicio sobre los
acontecimientos más importantes a pesar de los propios
medios y sus intenciones, pues dispone de muchos otros
circuitos de socialización para definir sus posiciones.
Así, por ejemplo, Televisión Azteca difícilmente podrá
sacudirse ya el estigma de amarillista y tendencioso que
le ha colocado la opinión pública después de su grotesca
posición informativa con respecto al asesinato de Paco
Stanley y el regreso de Carlos Salinas de Gortari a nuestro
país. Dicho de otra manera, ya nadie o muy pocos creen
en la neutralidad y objetividad de esta televisora, cuyo
origen es tan oscuro como sus verdaderas intensiones.
Algo similar puede decirse de Televisa, aunque aquí es
perfectamente conocida la complicidad de esta emisora
con el gobierno y con los intereses oficiales.
Poco hay que decir sobre el tratamiento específico que
Televisión Azteca hizo de los dos acontecimientos que
hemos referido, pues han sido ampliamente discutidos y
expuestos en diversos espacios de reflexión. En el caso
del asesinato de Paco Stanley resultó indignante sobre
todo que se haya utilizado este hecho como pretexto para
inculpar al gobierno del D.F., y en particular al ingeniero
Cuauhtémoc Cárdenas, por la inseguridad que padecemos.
Asimismo, resultó excesiva la tentativa de "beatificar"
a un personaje del que no se sabía con certeza su pasado.
Obviamente, la condena de la brutal ejecución debía hacerse
con energía, pero el tratamiento tan amarillista de la
noticia expuso a Televisión Azteca en sus propias contradicciones
y excesos.
Con respecto a la llegada de Salinas de Gortari a México,
la desconfianza no se hizo esperar. ¿Por qué precisamente
Televisión Azteca tuvo la exclusiva de la entrevista al
ex mandatario?, ¿por qué dedicó tantas horas a comentar
la noticia?, ¿acaso esta emisora está pavimentando el
terreno para el regreso definitivo de Salinas a México,
en medio del gran malestar que produce su presencia entre
los mexicanos?, ¿tan fuertes son los favores que esta
emisora le debe al ex presidente como para intentar lo
imposible: limpiar su imagen tan deteriorada? El asunto
es sumamente delicado y pone nuevamente en cuestión la
credibilidad de Televisión Azteca. En mi opinión, las
complicidades del pasado han llevado a esta emisora a
intentar limpiar la imagen de Salinas de Gortari para
propiciar su regreso al país. Para ello, la estrategia
ha atacado dos aspectos: a) colar algunas opiniones favorables
a la gestión del ex mandatario y confundir de esta manera
a la opinión pública, y b) invitar al grupo Nexos, que
tantos favores le debe a Salinas, para elogiarlo públicamente
tal y como lo hizo durante todo su sexenio. Obviamente,
las cabezas de este grupo 3Ž4 y que se convirtieron en
los ideólogos del salinato3Ž4 han terminado tan desprestigiados
públicamente que prefieren encomendar a sus delfines,
que nadie conoce, la tarea de defender a Salinas. Así
ocurrió con la transmisión de una emisión especial de
Televisión Azteca dedicada a analizar el regreso de Salinas.
A pesar de las expectativas de Televisión Azteca en este
punto, la sociedad mexicana ya emitió su juicio sobre
Salinas de Gortari y difícilmente un medio tan cuestionado
como ese podrá coadyuvar a modificarlo. Otra cosa muy
distinta es apelar a la normatividad vigente para permitir
o no su estancia en el país o para proceder a un juicio
político en su contra.
En síntesis, el asunto de los medios en México aún debe
discutirse a profundidad. Con el ánimo de contribuir a
ese debate, expongo a continuación algunas ideas sueltas.
Tradicionalmente, los medios de comunicación en México,
y sobre todo los medios electrónicos, han funcionado bajo
una lógica de control propia de los regímenes no democráticos.
En efecto, durante décadas, el Estado mexicano concibió
a los medios de manera instrumental. La adecuada manipulación
y control de la información era un mecanismo estratégico
para un régimen que no admitía el disenso ni la oposición.
En la actualidad, al igual que las instituciones y las
reglas del juego políticos, los medios están en transición,
lo cual significa básicamente que han alcanzado mayor
independencia respecto del Estado, son más plurales y
en algunos casos hasta críticos.
Sin embargo, no puede decirse que los medios en general
hayan abandonado por completo la lógica de control y manipulación
que predominaba en el pasado. Así, por ejemplo, los medios
electrónicos, y en particular la televisión de cobertura
nacional, muestran grandes rezagos, sobre todo si se contrastan
con los medios escritos. En ocasiones, el manejo de la
información que hacen algunos noticieros de la televisión
comercial es tan tendencioso y parcial que nos hace dudar
de su pretendida neutralidad y autonomía respecto del
Estado. Ciertamente, por necesidad, los medios son más
cuidadosos que en el pasado. Ser estigmatizados como oficialistas,
parciales y poco objetivos, les traería enormes perjuicios,
pues hoy la sociedad es más plural y demanda que los medios
reflejen esa pluralidad. La imagen que proyecta un medio
es entonces importante para mantener e incrementar su
audiencia y ser competitivo. Pero esta necesidad del mercado
no ha impedido que algunos medios hagan su propio juego
político, es decir, que tomen partido por determinados
intereses. En todo caso, lo que ha cambiado son las formas
en que los medios juegan políticamente. Si la sociedad
demanda neutralidad e imparcialidad, la manipulación de
la información tiene que ser lo suficientemente sutil
y encubierta 3Ž4 los especialistas dirían subliminal3Ž4
que no despierte suspicacias al tiempo que sea efectiva.
En síntesis, en un país en transición los medios también
tenderán a modificarse no sólo porque se flexibilizan
los controles tradicionales que la dominación autoritaria
imponía previamente, sino también porque empiezan a funcionar
cada vez más con una lógica de mercado. Un creciente interés
político por parte de la sociedad no puede ser subestimado
por los medios preocupados siempre en capturar la mayor
audiencia posible. Sin embargo, eso no significa que los
medios en general asuman el compromiso de informar objetivamente
a la sociedad y, en ese sentido, de contribuir a la conformación
de una opinión pública interesada y cada vez más involucrada
en el acontecer nacional. Por el contrario, para algunos
medios sigue siendo prioritario moldear a la opinión publica
de acuerdo a las propias preferencias de los dueños del
medio en cuestión. El desafío de estos medios está entonces
en no arriesgar su credibilidad sin renunciar a su propio
juego político.
Pero si la manipulación informativa es cada vez más sutil
se requiere más perspicacia para denunciarla. Y no sólo
eso. También se requiere audacia, pues quien cuestiona
a los medios puede ser fácilmente presa de ellos. Es como
una pelea dispareja. Cualquier cosa que un analista político
diga en contra de los grandes consorcios que controlan
la comunicación puede ser usado en su perjuicio. La marginación,
la descalificación y hasta el juicio legal pueden ser
las consecuencias de tal atrevimiento. Quizá por eso muy
pocos periodistas incursionan en el tema. Me parece que
hay que correr el riesgo. Con todo, el juicio crítico
a la actuación de los medios no puede llevarnos a exigir
su reglamentación. A los medios toca definir un código
de ética y a la sociedad en su conjunto denunciar y eventualmente
castigar con la indiferencia su falta de credibilidad.
* Director de La Brecha.