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PROGRAMA
DE ACCION DEL
PARTIDO DE CENTRO DEMOCRATICO
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CONSTRUIR
LA NUEVA REPUBLICA
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El
proyecto político que compartimos con una gran parte
de la sociedad mexicana y de las fuerzas políticas del
país se expresa en 17 puntos programáticos:

UNA
NUEVA CONSTITUCION QUE FORTALEZCA LOS DERECHOS CIUDADANOS
Y RECONSTITUYA LA AUTORIDAD POLITICA
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Terminar
con una forma de gobernar arbitraria: de imposiciones del Ejecutivo
sobre los poderes Legislativo y Judicial; de aplicación
de la ley según sea la conveniencia política de
los gobernantes; de parcialidad en la aplicación de la
justicia; de reformas coyunturales y contradictorias a la Constitución;
de reformas que conculcan los derechos constitucionales de los
ciudadanos; y de grandes negocios hechos al amparo de la política
que quedan en la impunidad.
Es
indispensable ordenar, reformar y adicionar la Constitución,
de tal forma que se amplíen las garantías individuales
a los derechos políticos, como ocurre en todo gobierno
constitucional; se reafirmen las formas y los derechos de propiedad;
se establezca un nuevo trato hacia las comunidades indígenas;
se transforme el sistema de planeación con procedimientos
de concertación social incluyentes en los que participe
el Poder Legislativo y representaciones sociales elegidas libremente;
se reafirme la soberanía de la nación sobre los
recursos naturales; se funde un nuevo equilibrio de las instituciones
políticas que organice un sistema de gobierno democrático
que funcione; y se revise a fondo el marco normativo relacionado
con la responsabilidad de todos los funcionarios públicos.
Hacer
que la Constitución contenga los ideales en los que coinciden
la gran mayoría de los mexicanos: libertad, seguridad,
tolerancia, democracia, estado de derecho, igualdad, fin a las
discriminaciones, un sistema de responsabilidad operante y las
bases para un sistema electoral que garantice la libertad de
asociación, la equidad en la competencia y que de sustento
a un sistema de partidos que sea representativo de la sociedad
mexicana. El espíritu del cambio es que se cumpla lo
que siempre ha anhelado la sociedad; que se cumpla la ley para
dar sustento a un nuevo sistema político pensado para
enfrentar los problemas y retos del siglo XXI.
Asegurar
que el pueblo ejerza su soberanía a través de
sus representantes y, cuando se trate de asuntos fundamentales,
que pueda hacerlo por medio de la participación directa
vía referéndum.
Establecer
un nuevo procedimiento para reformar la Constitución,
en el que si bien el Congreso de la Unión y las legislaturas
de los estados conserven un papel importante, expresamente se
disponga la intervención de la ciudadanía, tanto
en su iniciativa como en la aprobación final; y se provean
los medios para que los ciudadanos, mediante un referéndum,
aprueben o desaprueben el proyecto de reformas constitucionales
y que, sin su consentimiento, ninguna reforma sustantiva se
entienda como legalmente aprobada.

CONSTRUIR
EL ESTADO DE DERECHO
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Hacer
realidad la nueva Constitución mediante el respeto y
acatamiento de sus preceptos por gobernantes y gobernados. La
ley, clara y congruente, deberá cumplirse, empezando
por el gobierno que deberá respetar los derechos de cada
ciudadano, ser responsable ante la propia ley y apegar su acción
a un nuevo equilibrio entre los poderes de la Unión que
fortalezca a la autoridad, la controle y la obligue a someter
su acción y la de los otros poderes a la primacía
de la Constitución.
Que
el principio de división de poderes se haga una realidad
tanto en los estados como en la Federación; que el Poder
Legislativo asuma plenamente sus facultades legislativas y jurisdiccionales;
que el Poder Judicial asuma su papel de controlador y defensor
de la Constitución y de la Ley; y el Poder Ejecutivo
limite su actuación estrictamente a las facultades que
jurídicamente le corresponden.
Facilitar
a los particulares la impugnación de los actos de autoridad
ya sea mediante el juicio de amparo o la interposición
de recursos.
Revisar
totalmente el marco normativo relacionado con la responsabilidad
de los servidores públicos -de los tres poderes- para
hacerlo operativo, imparcial y justo. Agilizar los procedimientos,
facilitar las denuncias, hacer operantes las sanciones y penas
que se impongan a los infractores.
Reducir
el número de servidores públicos que temporalmente
están al margen del principio de igualdad ante la ley
y que gozan de inmunidades, para que en México se viva
en un auténtico estado de derecho, sin privilegios y
salvedades.
Depurar
y hacer efectivos los principios de control de la constitucionalidad,
con vista a que las autoridades y los particulares se atengan
a su texto, se anulen los actos que sean contrarios a ella y
sean sancionados aquéllos que la violen.
Conservar
íntegramente y hacer realidad el principio de supremacía
constitucional que deriva de la Constitución y que la
leyes y los tratados internacionales estén siempre de
acuerdo con ella.

ESTABLECER
UN SISTEMA DEMOCRATICO DE GOBIERNO QUE FUNCIONE
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Para
que el gobierno democrático funcione adecuadamente en
México, no bastará con que haya alternancia -que
pierda el PRI-, o que existan mayorías distintas en el
Ejecutivo y en el Legislativo, o que incluso se amplíen
los derechos ciudadanos y se fortalezca al Poder Judicial.
Desde
la nueva Constitución y en las leyes, se necesita diseñar
un nuevo equilibrio entre los poderes que fortalezca la autoridad
y la controle, que le permita y la obligue a actuar, donde las
ambiciones ayuden a que el sistema funcione y no lo pongan en
jaque y donde los ciudadanos puedan incidir de manera más
efectiva en el rumbo del gobierno y en su corrección.
El
referente de nuestro sistema presidencialista ha sido la Constitución
de los Estados Unidos. En la realidad, con unas cuantas excepciones,
no hemos tenido un sistema presidencialista limitado por los
poderes y la Constitución, sino un sistema presidencialista
autoritario o imperial. Los excesos del presidencialismo, se
han querido corregir en distintos momentos y de distintas maneras:
estableciendo una cámara legisladora única en
1857, debatiendo sobre las posibilidades de un gobierno parlamentario,
o introduciendo controles a las facultades del Poder Ejecutivo
que sólo tenían un efecto cosmético cuando
predominaba la mayoría priísta, pero que terminaron
por deformar el sistema presidencial cuando cambió la
correlación de fuerzas.
Con
los cambios en el peso de los partidos que han producido las
últimas elecciones, se han creado nuevas expectativas,
pero las instituciones de gobierno todavía no tienen
un nuevo orden. Si no existe un nuevo orden político,
pasaremos de un presidencialismo fuerte a uno que viva paralizado
y en riesgo permanente.
No
podemos tener un sistema presidencial puro: con más de
dos fuerzas políticas no funcionaría adecuadamente.
No podemos tener un sistema parlamentario puro: los partidos
-aunque mejor que nunca antes- apenas empiezan a funcionar,
venimos de otra cultura política y es indispensable tener
un jefe de Estado con gran apoyo popular.
El
sistema electoral mexicano no es ni un sistema de mayorías
que genere gobernabilidad, por medio de la posibilidad de alternancia;
ni tampoco es un sistema proporcional, con incentivos institucionales
para la cooperación de las fuerzas políticas.
Necesitamos
diseñar un sistema de gobierno que se adecue a las necesidades
de México. Es conveniente:
Mantener
la elección del Presidente de la República
(jefe de Estado), separada de la de los miembros de la legislatura.
Mantener
al Presidente de la República (jefe de Estado), como
responsable de la seguridad nacional, de la unión
interna y de la política exterior; que sea electo
por seis años sin reelección y considerar
la posibilidad de reelección, hasta que se haya probado
durante por lo menos un sexenio, que el cambio político
está consolidado.
Instituir
la figura de Jefe del Gabinete (jefe del gobierno) que estaría
vinculado y sería responsable ante la Cámara
de Diputados; con funciones de coordinación, diseño,
instrumentación, evaluación y corrección
de las políticas públicas.
Elegir
a la totalidad de los miembros de la Cámara de Diputados
cada tres años y posibilidad de reelección
consecutiva de sus miembros a partir del 2006.
Cambiar
el sistema electoral actual por una modalidad que dé
mayor estabilidad a la política y representatividad
a la sociedad, ya sea mediante un sistema de mayorías
y segunda vuelta, tanto para la Cámara de Diputados
como para el Ejecutivo, o con un sistema electoral mixto
con 250 diputados de mayoría y 250 de representación
proporcional que corrija la distorsión de los distritos
de mayoría relativa y garantice la representación
exacta de los votos en escaños.
Supresión
del sistema de "registro oficial" de los partidos políticos
y de su exclusividad en la presentación de candidaturas.
Facilitar la formación de partidos políticos,
coaliciones y grupos de electores para postular candidatos
a puestos de representación política.
Integración
de grupos parlamentarios con 4% de la votación para
el caso de que se adoptara el sistema electoral mixto, para
evitar así la pulverización partidista, sin
coartar el derecho a la libre asociación.
Establecimiento
de instituciones de democracia semidirecta: referéndum,
plebiscito e iniciativa popular, como complementarias y
correctivas de la democracia representativa, y no como substitutivas
de ésta.

REORGANIZACION
DEL SISTEMA FEDERAL Y NUEVO PACTO
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El
sistema federal está entrampado porque frente al centralismo
lo que surge son: las reacciones localistas (caciquiles) que
buscan aumentar la capacidad de negociación y de defensa
de los intereses locales; y las fórmulas administrativistas
de la descentralización que han encubierto una manera
de desentenderse de los problemas sociales.
El
federalismo necesita de un cambio de concepción para
que los gobiernos locales aumenten su autonomía en los
dos aspectos que son fundamentales: la primera, la libertad
de los estados y los municipios para decidir en los ámbitos
de su competencia y en el ejercicio de sus funciones; y la segunda,
garantizar la participación en las decisiones federales
que las afectan.
Para
ello se necesitará:
Fundar
un Senado que deje de ser un instrumento del poder federal
para intervenir en los estados y una cámara de compensación
para los equilibrios internos de los partidos políticos
que se convierta en un órgano de control del Ejecutivo
y el vehículo institucional de participación
de los estados en la toma de las decisiones nacionales. Para
esto se requiere:
Revisar
la forma como se eligen los senadores, los calendarios de
elección, el conjunto de sus facultades y las bases
de su funcionamiento.
Elegir
a tres senadores por estado, no en "paquete por partido",
sino mediante tres votos de los electores, uno por cada asiento.
Cambiar
el calendario de la elección del Senado, para que se
realice en sincronía con los procesos electorales estatales
y con un mandato de seis años.
Consolidar
el sistema federal a través del fortalecimiento de
los poderes estatales, su representación en la federación,
el respeto a su autonomía y con una justa distribución
de los ingresos.
Proveer
los medios para fortalecer jurídica y económicamente
a los municipios, hacer realidad el principio democrático
en la integración de los ayuntamientos; y regular las
figuras de la desaparición y suspensión de ayuntamientos,
para que no se atente contra la voluntad popular.
Desarrollar
en los términos de la Constitución reformada,
los nuevos equilibrios en los estados para que estos favorezcan
a los gobiernos municipales y a los gobiernos de las grandes
ciudades y eviten el surgimiento de gastos redundantes entre
la burocracia federal, estatal y municipal, así como
la formación de nuevos cacicazgos, pérdida de
control y de responsabilidad en el manejo de los recursos
públicos.
Impulsar
la participación ciudadana directa para que esta se
convierta en un factor importante de control sobre las autoridades
locales, tanto en la formulación de los presupuestos
como en el control de su aplicación.
Pactar
una nueva fórmula de redistribución fiscal de
la Federación a los estados y municipios que premie
más el esfuerzo local, garantice el apoyo al combate
de la pobreza y se dirija principalmente al primer nivel de
gobierno para mejorar la capacidad de respuesta municipal
a las demandas de la sociedad.
Formar
un consejo federal tributario.
Desarrollar
nuevas formas de gobierno para las ciudades que les permitan
enfrentar con efectividad los problemas metropolitanos, eviten
duplicidad de burocracias, costos innecesarios en el manejo
de los servicios públicos y la falta de coordinación
en el manejo de la seguridad pública.
México
es un país con una diversidad cultural y con tradiciones
locales que ha llegado a ser definido como "un continente".
Esa diversidad es y puede ser una de nuestras mayores riquezas,
si le quitamos al país los múltiples pesos y trabas
que han dificultado el desarrollo de sus regiones y de su vida
local. La fuerza de las partes no debilita al todo; lo fortalecen
cuando está inscrita en un orden político republicano,
en un nuevo pacto federal, en nuevos equilibrios y controles
ciudadanos en los estados y en una estrategia de desarrollo
incluyente.

REFORMAR
LA JUSTICIA Y LA SEGURIDAD
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Se
puede diseñar un programa para reducir la corrupción
que dé resultados. Se puede diseñar también,
un programa para reducir la delincuencia que obtenga resultados.
Lo que no se puede hacer es reducir la delincuencia con una
autoridad que sea parte de la corrupción o de las complicidades.
Ante
los alarmantes problemas de la inseguridad y la impartición
de justicia, se han intentado reestructuraciones -de fachada-
que nada han cambiado. Se ha buscado la profesionalización
de los servidores públicos sin haber sostenido los esfuerzos
para lograrlo. Se han depurado a los cuerpos policiacos para
sólo acrecentar los contingentes de la delincuencia y,
después, volverlos a contratar.
Los
problemas de seguridad son demasiado importantes como para dejarlos
en manos de la policía. El primer paso, siempre será
fortalecer a la autoridad política para que pueda poner
a trabajar al ministerio público y a la policía,
en torno a objetivos precisos; y para que tenga la capacidad
de reorganizar los recursos para aumentar la efectividad. Con
ese proceder se pueden bajar los índices de delincuencia.
Mejorar
y profesionalizar al ministerio público, al sistema judicial
y a la policía, requerirá, adicionalmente, de
un acuerdo de fondo que comprometa a las fuerzas políticas,
a la sociedad y al gobierno, durante un periodo sostenido de
tiempo: por lo menos diez años.
La
reforma de la seguridad y la justicia no puede consistir en
simples incrementos de los presupuestos o del personal, en compra
de armas o patrullas, o en copias mal hechas de lo que se hace
en otros países. La tarea es parte central de un ejercicio
de gobierno donde la seguridad de los ciudadanos -de sus vidas,
de sus familias, de sus propiedades- no queda relegada a las
áreas menos prestigiadas y menos capacitadas de la administración,
sino que se le concibe como parte de la tarea más amplia
del gobierno que tiene que ver con la política económica,
con los programas sociales, con los programas para la juventud
y, desde luego, con una adecuada estructuración del régimen
de gobierno que establezca responsabilidades precisas entre
los poderes y evite las múltiples deformaciones y "parches"
que se han establecido para tratar de remediar problemas que
parecen insuperables.
Fijar
con claridad las responsabilidades que tendrá el Poder
Judicial y los límites a las acciones del Poder Ejecutivo
para que pueda mejorar la procuración e impartición
de justicia, hacer de la protección de los derechos humanos
parte esencial del sistema judicial y hacer efectivas las sanciones
a quienes incurran en los delitos.
Otorgar
los mayores reconocimientos, estímulos y seguridades
a los jueces que demuestren la más alta autonomía
e imparcialidad en sus decisiones.
Simplificar
la aplicación de la justicia, abreviar etapas, publicitar
los procesos y los resultados, capacitar al personal judicial
y establecer juicios abreviados que respeten la formalidad del
proceso legal.
Facilitar
el acceso a la justicia a quienes carecen de recursos o de apoyo
legal.
Establecer
las normas para que el nombramiento de los mandos de la procuración
de justicia y de la policía sean aprobados por mayorías
calificadas de dos terceras partes en el Poder Legislativo Federal
y los de los estados, y para que éstos cuenten con el
sustento normativo necesario para que puedan gobernar la crisis
de inseguridad y llevar a cabo una tarea de profesionalización
de largo plazo.
Separar
el combate al narcotráfico de otras responsabilidades
de seguridad nacional y procuración de justicia.
Reconstruir
el prestigio del Ejército, no volviendo a comprometer
su acción fuera de los límites que la Constitución
le establece, o en actividades policiacas que puedan desvirtuar
su función y su control interno.

PACTAR
LA PAZ EN CHIAPAS E INICIAR LA RECONCILIACION
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El
origen principal de la violencia en Chiapas ha sido la incapacidad
del orden institucional (federal, estatal y municipal) para
responder a las necesidades más urgentes de las comunidades
que han crecido aceleradamente, así como las respuestas
ilegales y arbitrarias que han tenido los gobiernos federal
y estatal ante el desbordamiento de la participación
social y el resquebrajamiento del control político corporativo.
La guerrilla creció políticamente cuando las comunidades
concluyeron que no tendrían respuesta a sus demandas,
y cuando sintieron que su seguridad estaba en riesgo.
La
solución local del problema está en cambiar la
relación de las instituciones con las comunidades en
el nivel municipal, estableciendo la autonomía que reclaman;
en reconstituir la autoridad estatal y municipal con legitimidad
y legalidad; en hacer posible un acuerdo para un cambio estatal
de poderes democrático e imparcial; en aumentar la productividad
por hectárea y favorecer proyectos de desarrollo intensivos
en mano de obra; en diseñar una política social
que incluya a los más pobres; y en construir un sistema
imparcial de verificación y garantías plenamente
confiable para todas las partes que garantice el cumplimiento
del acuerdo de paz.
Cada
uno de los sectores involucrados en el conflicto debe tener
una salida y garantías. La paz no se puede hacer en contra
de los intereses o seguridad de ninguno de ellos. El Ejército
Mexicano debe tener una salida digna y ser corresponsable del
cumplimiento de los acuerdos de paz. El EZLN necesita tener
un espacio en la política. A la sociedad y a las fuerzas
políticas corresponde abrírselo para que sean
los ciudadanos quienes determinen cuál será su
acción y dimensión, en función de sus actuaciones.
La resolución que se tenga para reconciliar a cada grupo
ayudará a la pacificación en Chiapas y contribuirá
a que en otras partes del país no se recurra al método
de la violencia cuando los reclamos sean políticos.
La
paz en Chiapas tiene, desde luego, relación con la situación
política nacional. Entre mayor -y mejor conducido- sea
el cambio político nacional, la paz en Chiapas será
más sólida. En el marco de una nueva Constitución,
de la ampliación de los derechos ciudadanos y de la reconstitución
de la autoridad política, el conflicto en Chiapas será
absorbido por el cambio nacional. En el marco de un mayor consenso
sobre el rumbo de la economía y de que éste sea
sostenido por una coalición social más amplia,
habrá mayor confianza en la economía y también
disminuirán las posibilidades de violencia en otras regiones
del país. Un liderazgo nacional fortalecido tendrá
amplios márgenes para firmar la paz y para ofrecer garantías
creíbles a todos los sectores en Chiapas y en el país
en su conjunto.

CRECIMIENTO
ECONOMICOSOSTENIDO E INCLUYENTE
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Las
crisis económicas de nuestro país se han convertido
en un fenómeno recurrente en los últimos veinte
años. Durante este tiempo, no hemos logrado crecer de
manera sostenida y hemos vivido bajo incertidumbre económica.
Cada vez que logramos crecer un poco, volvemos a caer en una
nueva y mas severa crisis.
Como
resultado de estos colapsos tenemos una economía que
no es incluyente: se ha polarizado la distribución del
ingreso, tenemos una caída sin precedente en los salarios
reales y la pobreza extrema es cada vez mayor y cada vez alcanza
a mas mexicanos.
En
un principio se achacaron todos los males a la crisis fiscal
de los años setenta, al populismo y al estatismo. Después
se pensó que con los programas de estabilización
de la economía y con las reformas estructurales de mercado
(neoliberalismo) se volvería a crecer.
Tanto
daño ha hecho la irresponsabilidad fiscal que puso en
quiebra al Estado Mexicano, como el dogmatismo neoliberal que
le ha infringido costos a la sociedad y ha terminado por encubrir
privilegios, arbitrariedades, intereses ilegítimos y
debilitamiento de nuestras instituciones.
Frente
al desaliento por la falta de resultados y la percepción
de que la fragilidad de nuestra economía nos puede llevar
a una nueva crisis, algunos quisieran encontrar una fórmula
-salvadora- que permita crecer y redistribuir, sin tener que
hacer un mayor esfuerzo y sin correr riesgos. Esa fórmula
no existe.
A
partir de nuestras prioridades y al ritmo que sea posible en
el contexto de la economía internacional, necesitamos:
fortalecer
las instituciones públicas para aumentar la confianza
de los agentes económicos en ellas y asegurar una estabilidad
que permita el crecimiento;
tener
reglas claras que impulsen la sana competencia y estimulen
el aumento de la productividad de la economía;
diseñar
los instrumentos y estrategias para reducir la dualidad entre
la economía moderna y la rezagada;
e
invertir cada vez más y mejor, en nuestra la gente,
para que todos, especialmente niños y jóvenes
tengan mayores oportunidades.
Ello
no será posible con un manejo dogmático y patrimonialista
de la economía. Tampoco lo será con una conducción
irresponsable y unilateral.
El
crecimiento económico incluyente se fundaría en:
Política
fiscal y monetaria razonablemente equilibrada. Una mayor
solidez del gobierno que inspire la confianza en nuestro
país y en su estrategia de desarrollo, nos abriría
márgenes adicionales de maniobra ante las situaciones
internacionales que prevalezcan.
Política
cambiaria que no sobrevalúe y aumente con ello los
riesgos devaluatorios, pero que tampoco induzca a una subvaluación
tal que mantenga la incertidumbre, impida controlar la inflación
y reduzca aún más el poder adquisitivo de
los trabajadores mexicanos.
Política
monetaria que tenga como prioridad la estabilidad de precios.
La inflación es el fenómeno mas perverso que
ha tenido nuestra economía en los últimos
años, debido a su carácter regresivo. El combate
al aumento de los precios no debe estar basado en la sobrevaluación
del tipo de cambio y en la contención de los salarios.
Finanzas
públicas sanas. Esta debe ser una prioridad en el
gobierno para no generar desequilibrios macroeconómicos
y evitar comprometer recursos de las generaciones futuras.
La estabilidad de las finanzas públicas debe estar
basada en un creciente fortalecimiento y diversificación
de las fuentes de ingresos y en una mayor eficacia y transparencia
en el gasto.
Reforma
fiscal que estimule el ahorro, la inversión y la
creación de empleos productivos, y desaliente el
consumo suntuario. Necesitamos un sistema fiscal competitivo
a nivel internacional, que garantice la seguridad jurídica
de los contribuyentes y fortalezca la capacidad fiscalizadora
del Estado. Debe distribuir las cargas fiscales de manera
mas equitativa y justa, premiar al contribuyente cumplido,
simplificar sus procedimientos, bajar el costo administrativo
del pago de impuestos y generar los suficientes incentivos
para atraer a la legalidad a la economía informal.
Esta reforma fiscal debe tener como consecuencia el fortalecimiento
de los ingresos tributarios del gobierno, con el fin de
tener mayores recursos para financiar programas sociales
de largo plazo y para distribuirlos a estados y municipios.
Sin una reforma tributaria con estas características,
la política fiscal va a seguir siendo el resultado
de emergencias económicas, de las necesidades de
gasto del gobierno y no parte de una estrategia de desarrollo
de largo alcance.
Política
comercial donde sostengamos la apertura de los mercados
y nuestros acuerdos comerciales que han facilitado el crecimiento
del sector exportador, pero donde podamos proteger a nuestra
industria y agricultura en términos semejantes a
como lo hacen nuestro socios comerciales mas importantes.
Fortalecer
el ahorro interno como fuente de financiamiento de nuestro
desarrollo. El Sistema de Ahorro para el Retiro generará
montos importantes de recursos que deben traducirse en mayor
inversión productiva. Un mayor ahorro interno reduce
los efectos desestabilizadores de los movimientos financieros
especulativos internacionales.
El
ahorro externo debe ser una importante complemento al ahorro
interno. Se debe crear un marco propicio para que estos
recursos sean canalizados a inversión directa que
generen la creación de empleos y ayuden al fortalecimiento
de nuestra economía en su conjunto. En lo que respecta
a los flujos financieros de corto plazo, debemos ser muy
cuidadosos para no caer en situaciones de alta vulnerabilidad,
como la observada en 1994, pero al mismo tiempo no cerrar
la oportunidad de que éstos capitales coadyuven a
fortalecer la inversión en nuestros mercados bursátiles.
Seguridad
social que contribuya a fortalecer el ahorro interno y que
esto se refleje en una mejor atención y calidad de
los servicios.
Política
industrial no centralizada y limitada a las grandes empresas,
sino dirigida a mejorar las condiciones de competencia de
las pequeñas y medianas empresas, facilitando su
capitalización, acceso al crédito y a la innovación
tecnológica.
Desarrollar
nuevas instituciones y mecanismos de financiamiento donde
los sectores productivos tengan participación efectiva,
para recapitalizar a las empresas y a las regiones rezagadas,
con estímulos y garantías para que los recursos
se dirijan, en mayor medida, a fines productivos y a los
sectores mas atrasados.
Política
de desarrollo rural y regional que haga menos traumático
el tránsito de la sociedad rural a la sociedad urbana
y que responda a los efectos que tendrá el Tratado
de Libre Comercio en los próximos diez años
sobre el campo, para que, a través del fortalecimiento
del crédito, la diversificación y el desarrollo
regional puedan mejorar las condiciones de vida y aumentar
la producción de alimentos. De otra manera, cada
vez importaremos mas alimentos, impactando en nuestra balanza
comercial y utilizando montos crecientes de divisas.
De
manera semejante a como se hizo en el pasado, cuando para
impulsar el desarrollo de la frontera norte se crearon zonas
de libre comercio y decretos de apoyo a la industria maquiladora,
ahora será necesario diseñar para el Sureste
nuevos instrumentos y estrategias que compensen las desventajas
y obstáculos que se presentan a la inversión,
con el fin de acelerar el crecimiento y la creación
de nuevos empleos. Hay que poner en marcha en las zonas
de mayor pobreza del país, políticas económicas
emergentes, planes de desarrollo regionales y una política
social agresiva de combate a la pobreza extrema que vaya
dirigida a romper el círculo de la pobreza y al fortalecimiento
de las capacidades básicas de los individuos.
Política
antimonopólica que impulse y aproveche los mecanismos
del mercado para frenar las concentraciones monopólicas
y prácticas desleales en el comercio.
Política
de desarrollo de las instituciones y de transparencia para
que dentro de un mejor marco normativo e institucional se
evite el manejo discrecional y patrimonialista de las concesiones,
privatizaciones y contratos. Evitar que los errores en la
conducción de la economía y los fracasos empresariales
se conviertan en cargas públicas.
Fortalecer
nuestro sistema financiero. Necesitamos intermediarios financieros
sanos y competitivos a nivel internacional, que canalicen
de manera eficiente el ahorro de nuestra economía
hacia proyectos de inversión rentables. Las economías
que se benefician de la integración a los mercados
financieros internacionales, logran una acelerada tasa de
formación de capital que hace posible elevar el nivel
de bienestar en forma sostenida. La regulación financiera
debe prever la corrección de las imperfecciones del
mercado y establecer reglas prudenciales que eviten situaciones
de alta vulnerabilidad. El sistema de seguro sobre depósitos
debe proteger a los pequeños ahorradores, garantizar
la solvencia del sistema de pagos y generar los incentivos
adecuados para que los bancos no incurran en tomas excesivas
de riesgo y prácticas irregulares, como ocurrió
en los últimos años, con elevados costos para
el bienestar actual y futuro de la sociedad mexicana.
Rendición
de cuentas por parte de la autoridad y la aprobación
y supervisión del Congreso sobre el uso de todos
los recursos públicos destinados al rescate bancario.
Esta es una condición indispensable para que nuestra
modernización económica tenga mayor certidumbre.
Fortalecer
la efectividad profesional del gobierno y desarrollar un
servicio civil para aumentar la efectividad del Estado y
su capacidad reguladora, en los ámbitos en donde
esté de por medio el interés público.
Al mismo tiempo, eliminar de manera radical los obstáculos
que existen para la formación y crecimiento de las
pequeñas y medianas empresas.
El
crecimiento de la economía debe incluir a quienes han
quedado fuera. México necesita construir una política
económica no dogmática que aproveche las ventajas
que nos ofrece la economía global, acabe con el traslado
inequitativo de los costos del ajuste a los sectores de menores
ingresos, modere los frenos y los arranques súbitos que
desequilibran a la economía (y a la economía de
las familias), reduzca la brecha entre los sectores y regiones
de mayor desarrollo y quienes han quedado al margen de cualquier
posibilidad de bienestar, y mejore las condiciones de vida de
quienes viven en la pobreza extrema. Para dar sustento en el
largo plazo a esa política económica, nuestro
país necesita tener reglas claras, consensos sociales
más amplios que respalden la política económica
y prioridades de largo plazo: la principal es preparar a los
niños y jóvenes para que accedan a mejores oportunidades
de trabajo mediante una educación de mayor calidad.
Es
indispensable construir una economía incluyente que permita
reducir el dualismo económico y social, acelerar el crecimiento
y hacer de la educación una prioridad nacional.

EDUCACION
COMO PRIORIDAD NACIONAL
|
La
educación debe ser el elemento transformador de México,
el principal medio para el desarrollo individual y colectivo
y la base para una cultura democrática en el país.
El objetivo es llegar a un compromiso nacional para que las
oportunidades educativas sean iguales y de mejor calidad para
todos.
Hacer
de la educación la prioridad nacional requerirá:
Hacer
una evaluación y una propuesta independientes sobre
el estado de la educación por los miembros más
calificados de la sociedad, -no sólo del sistema
educativo- donde se determine en qué medida nos estamos
acercando en los distintos niveles de educación,
y en cada una de las profesiones, a estándares aceptables;
y formular una propuesta que identifique con claridad cuáles
son las inercias, resistencias e insuficiencias del sistema
educativo actual y qué se necesita para dar un nuevo
impulso a la educación -y a través de ella
al desarrollo de la economía, a una mayor igualdad
y a la difusión de los valores cívicos- precisando
la magnitud del esfuerzo adicional que se requiere y los
compromisos de cada uno de los sectores de la sociedad y
del gobierno.
A
partir del liderazgo político nacional generar un
verdadero compromiso de la sociedad con el proyecto educativo,
construir el acuerdo político unánime de todos
los partidos en torno al proyecto, así como los compromisos
específicos de los principales sectores de la sociedad,
de los maestros, de los padres de familia y de los medios
de comunicación.
Realizar
el proyecto educativo obliga a sumar los esfuerzos de la
educación pública y la educación privada,
así como a abrir posibilidades de financiamiento
adicional. No sólo mediante una redistribución
entre los sectores de la administración pública,
sino, fundamentalmente, a partir de un mecanismo institucional
que vincule a la educación con el fomento del ahorro
y con la reforma fiscal, de tal manera que se obtengan los
fondos adicionales necesarios, la sociedad se asegure que
éstos van a ser parte de la inversión y del
bienestar futuro, así como de que ella va a participar
de manera permanente en su la aplicación y en el
control de su ejercicio.
Reforzar
la educación cívica de los jóvenes
y la transmisión de una ética ciudadana y
de valores democráticos, manteniendo la decisión
de que la educación pública siga siendo laica.
Realizar
un esfuerzo extraordinario para fortalecer la escuela pública
en todos sus niveles y modalidades.

POLITICA
SOCIAL INCLUYENTE
|
El
objetivo básico es que mediante acciones públicas
que combatan y disminuyan los efectos de la pobreza, para facilitar
el acceso a la igualdad de oportunidades a los niños
y jóvenes de las regiones más rezagadas, de los
barrios y colonias más pobres.
Las
políticas sociales deben estar adecuadamente concebidas
para que: al evitar duplicidades en la atención institucional,
aumenten sus alcances; al aplicar las decisiones que técnicamente
den los mejores resultados, aumente su efectividad; al diseñar
un adecuado sustento financiero, los recursos se puedan aplicar
con la regularidad conveniente; al sumar y convenir la participación
de las comunidades, de otros sectores de la sociedad y de organizaciones
no gubernamentales y filantrópicas, se amplíen
e igualen sus alcances; al ser discutidas y acordadas con la
gente, tengan amplia aceptación y pueda ser más
fácilmente supervisado su cumplimiento.
Se
necesita ampliar significativamente el monto destinado a la
política social, cuidando que éste vaya a la gente
y no se quede en la burocracia. En una revisión cuidadosa
de los presupuestos, todavía se encontrarán posibilidades
de reorientación del gasto. En la nueva fórmula
de reparto de participaciones federales, deberán etiquetarse
recursos para enfrentar la pobreza. Aún así, el
financiamiento accesible es insuficiente. Se necesita de una
proporción mayor de los ingresos públicos y que
éstos vayan creciendo paulatinamente.
Los
objetivos de la política social no deben dispersarse,
ni su aplicación limitarse a pequeñas fracciones
de la población que tienen facilidad de acceso a las
instituciones, o que reciben atención por ser parte de
clientelas políticas, partidistas o caciquiles.
La
clave de su éxito estará en escuchar a la gente
e ir a donde está la necesidad y no que la gente vaya
a donde están las oficinas del gobierno. Aunque desde
luego con enormes esfuerzos, sería posible llevar a cabo
-en todas las regiones del país y en un plazo de tiempo
relativamente corto-, acciones que pudieran beneficiar a toda
la población. Podría tenerse un programa de nutrición
infantil universal para acabar con los graves problemas de desnutrición.
Podrían establecerse políticas de salud preventiva
más ambiciosas hasta en las regiones más alejadas.
Podrían desarrollarse programas de capacitación
-de artes y oficios- que amplíen la cobertura a las regiones
más pobres. Podrían llevarse a cabo ambiciosos
programas de apoyo a la mujer.
En
vez de que la política social sea cada vez más
reducida, se disperse en múltiples propósitos,
no llegue a la gente, refuerce estructuras de control adversas
a las comunidades, es imprescindible darle un nuevo sentido
y un nuevo prestigio para que muchos jóvenes capacitados
se entusiasmen con ella, participen y apoyen sus acciones, adquieran
experiencias útiles en el transcurso de sus vidas, y
fortalezcan sus sentimientos de solidaridad y de pertenencia
a la nación.
Reducir
drásticamente los niveles imperantes de pobreza debe
ser el propósito sistematico de las políticas
públicas.

REVERTIR
EL ABANDONO DEL CAMPO MEXICANO
|
Luchar
por políticas públicas que permitan revertir el
abandono en que se encuentra el campo mexicano, tanto con inversión
en infraestructura como con un mayor flujo de recursos financieros
a instituciones que fomenten la cooperación entre productores,
que sean manejados escrupulosamente y se signifiquen por su
eficacia para avanzar en la capitalización del campo.
Fortalecer
las actividades agropecuarias y forestales del país para
lograr en el campo mexicano un progreso equitativo y duradero,
cuyos frutos permitan combatir la miseria y el rezago; aumenten
los ingresos de los productores y den mas y mejores oportunidades
a los campesinos.
En
lo inmediato, se deben impulsar políticas de precios
mas justos a los productos agrícolas y respaldar opciones
que permitan superar el problema de la cartera vencida agropecuaria,
principal obstáculo a la producción y al aumento
de los niveles de ingreso en el campo.

IGUALDAD
Y RESPETO A LA MUJER
|
La
situación de la mujer en México es de desigualdad.
Ello tiene que ver con herencias culturales muy profundas y
con la manera como están organizadas las instituciones.
Como sociedad, está en nuestra posibilidad transformar
esa relación desigual. Ello no puede lograrse, únicamente,
prohibiendo tratos discriminatorios, sino que se necesita generar
mecanismos que den temporalmente ventaja a las mujeres -con
acciones afirmativas- que faciliten su integración más
armónica al mundo del trabajo y de la política.
Este cambio es parte importante de la democratización
de la vida pública y de la transformación de los
valores de los que depende nuestro éxito como país.
Se
necesita fortalecer los instrumentos legales y las políticas
públicas para combatir la violencia hacia la mujer, su
discriminación y apoyarla en su desarrollo. El papel
de los medios de comunicación y del sistema educativo
son fundamentales en el cambio cultural que ha de sostener,
en el largo plazo, a los cambios institucionales.
Junto
a la necesidad de igualar derechos, también es necesario
facilitar el crecimiento de las organizaciones y movimientos
que defienden a la mujer en las más distintas actividades
y desde perspectivas plurales, de tal manera que el peso político
y social de las mujeres pueda frenar las prácticas de
hostigamiento, abusos, discriminación, explotación,
atropellos y proteger a distintos sectores de la población
femenina, aumentar su libertad, su igualdad y su seguridad.
Impulsar
la libertad y la igualdad de las mujeres es perfectamente compatible
con apoyar a la familia y a los valores de la vida familiar.
En una familia cohesionada se respetan entre sí cada
uno de sus miembros, cada uno es escuchado y cada una de las
mujeres de la familia tiene un lugar que debe respetarse. Esos
valores de respeto entre la familia y hacia las mujeres fortalecen
la unión familiar.
Apoyar
a la familia es, también, perfectamente compatible con
que la sociedad y sus instituciones se adecuen para lograr una
mejor protección de las madres solteras que sostienen
y cuidan a sus hijos por sí mismas, y que por lo general
se encuentran en un plano de absoluta desventaja frente a su
entorno. Son demasiadas las mujeres que están en esta
situación y demasiadas las desventajas a las que se enfrentan,
como para que la sociedad y las instituciones cierren los ojos
ante un núcleo tan significativo de la sociedad mexicana.

ABRIRLE
PASO A LOS JOVENES
|
Las
crisis de los últimos lustros ocurrieron cuando el mayor
número de jóvenes de la historia del país
ingresaron al mercado de trabajo. El resultado ha sido atroz:
para una generación entera su futuro se volvió
más difícil.
Los
jóvenes sólo tendrán un horizonte mejor,
en la medida en que la nación logre superar -por medio
del trabajo arduo y sostenido-, los principales obstáculos
que enfrenta un proyecto de futuro. De todas maneras, independientemente
de los resultados de la economía, de la evolución
de la política, y de las nuevas respuestas que puedan
mejorar la situación en las regiones más atrasadas
del país, hay intereses y preocupaciones de las actuales
generaciones que requieren de respuestas específicas.
A
sus inquietudes y preocupaciones hay que responderles con respeto
y estímulo; proyectar de manera constructiva su preocupación
por el destino global, por el futuro del planeta; responder
cada vez mejor a sus exigencias de mayor información,
a su nueva relación con la revolución informática,
de los medios y de la medicina, de movilidad dentro y fuera
de nuestras fronteras y a las dificultades crecientes que enfrentan
en el paso de los pueblos a las ciudades. La sociedad y las
instituciones deben hacerse cada vez más a su medida.
También
es importante en un proyecto político tener consciencia
de que los jóvenes son quienes más requieren de
lugares y momentos de encuentro y convivencia, de alegría
y de disfrute. Tienen que abrirse, creativamente, horizontes
en nuevas actividades y servicios; y ahí, hay que apoyarlos.
De
igual forma, independientemente de los resultados que se obtengan
en el comportamiento general de la economía, hay que
recuperar parte de lo perdido con un esfuerzo deliberado para
abrir nuevas oportunidades de trabajo -en nuevas pequeñas
empresas donde obtengan trabajo digno-, nuevos espacios para
el deporte, nuevas vías para la expresión cultural,
nuevas fórmulas para lograr su cooperación en
las políticas sociales, nuevas oportunidades para que
conozcan el país. Sin una razón de ser de los
jóvenes, no habrá razón de ser de México.

PROMOVER
UN NUEVO PACTO CON LAS COMUNIDADES INDIGENAS
|
La
pluralidad étnica y cultural de nuestro país,
exige el establecimiento de una nueva relación de todas
y cada una de las comunidades indígenas con las instituciones,
para que sean incorporadas al proceso de desarrollo nacional
y se les reconozcan sus formas de organización, de gobierno,
lenguas, usos y costumbres.
Debe
establecerse un nuevo pacto que incluya el compromiso expreso
e irrenunciable del Estado mexicano en el sentido de ampliar
los beneficios sociales, económicos y productivos, mejorar
la impartición de justicia, así como asegurar
el respeto irrestricto de los derechos humanos de las comunidades,
los pueblos y las mexicanas y mexicanos indígenas.

Los
cambios en la población y su ubicación en el territorio
tienen enormes repercusiones sobre la organización de
la vida social, las oportunidades de mejoramiento económico
y la convivencia. Es muy distinto ser un país de cien
millones de habitantes, con grandes ciudades y zonas metropolitanas,
que lo que fuimos a principios del siglo: un país con
menos de la quinta parte de la población actual y con
la mayoría de los habitantes viviendo en pueblos y pequeñas
comunidades rurales.
Aunque
el crecimiento de la población se ha ido moderando en
la última década, en algunas de las regiones más
pobres del país se presentan crecimientos anuales de
hasta 8%. No puede haber un desarrollo duradero sin una política
de población que sea respetuosa de las decisiones de
las parejas, pero que también las apoye resueltamente
para que puedan planear mejor el crecimiento de su familia.
Los
movimientos migratorios que ocurren en nuestro país también
están transformando de manera radical las formas de convivencia.
Al mayor ritmo que sea posible se debe seguir acelerando el
desarrollo de ciudades medias y regiones que puedan mitigar
los flujos migratorios, externos e internos, y que puedan reducir
la presión sobre las grandes ciudades. No hay otro camino
que el de mejorar el bienestar en las ciudades medias y en el
campo. Esto es adicionalmente urgente, si se considera que,
como resultado de los acuerdos del Tratado de Libre Comercio,
la protección histórica de la agricultura mexicana
desaparecerá por completo en pocos años y que
esto constituirá un factor adicional de presión
sobre los recursos naturales, los servicios públicos
y las demandas de empleo.
Se
pueden cerrar los ojos ante estas realidades, pero si como sociedad
y como país no construimos mejores respuestas para abrir
alternativas a esta realidad, es evidente que la presión
social debilitará la cohesión y limitará
las posibilidades de tener un mejor desarrollo nacional.
También
es preciso tener presente a nuestros connacionales que se encuentran
en el extranjero, quienes deben gozar del pleno ejercicio de
las garantías constitucionales y los derechos políticos
con que cuentan todos los demás mexicanos.
Es
indispensable defender, representar y hacer que se respeten
los derechos de hombres y mujeres, familias y comunidades de
mexicanos que por la falta de oportunidades económicas
han tenido que emigrar y residir en otros países, particularmente
los Estados Unidos, en donde son víctimas de la discriminación,
la violencia y el abuso.

PROTECCION
DE LA BIODIVERSIDAD Y DEL MEDIO AMBIENTE
|
La
protección de la biodiversidad y del medio ambiente nos
ha hecho conscientes, como pocos otros temas, de la necesidad
de tener un proyecto común en las comunidades, en la
nación y de la propia humanidad. Ha habido avances considerables
respecto a la concepción de estos problemas, la aceptación
de la necesidad de tener un crecimiento sustentable y a los
obstáculos que se necesitan vencer para alcanzar resultados.
La agenda es amplia. Debemos avanzar todo lo posible con una
visión de largo plazo.
En
algunos campos, la situación se ha vuelto especialmente
difícil para nuestro país.
La
presión a la que están sometidos los recursos
naturales es enorme. Cada vez es más difícil defender
las escasas reservas ecológicas que aún quedan
en el territorio y los cinturones verdes de las ciudades. La
pérdida de suelos es alarmante. El problema del agua
va en ascenso y ya existen regiones enteras que están
en límites peligrosos por el agotamiento de sus mantos
acuíferos y por la incapacidad que ha habido para reaccionar
con mayor profundidad y audacia con políticas de ahorro
y tratamiento del agua.
Estamos
ante una carrera contra el tiempo. Apenas y si sumamos todos
los recursos económicos, técnicos, institucionales,
educativos y de participación social, seremos capaces
de preservar un entorno ecológico relativamente satisfactorio.
Estos son problemas que requieren soluciones de largo plazo
que sean ajenas a los vaivenes políticos y sobre las
cuales la sociedad defina las políticas y los compromisos
que habrá que sostener, la distribución de sus
costos y los niveles de disciplina social imprescindibles para
evitar deterioros aún mayores que podrían llevar
a regiones enteras del país a crisis ambientales que
pongan en riesgo la salud y el bienestar de una parte importante
de la población.

MANTENER
LA SOBERANIA SOBRE EL PETROLEO
|
Con
relación al petróleo, y ante el debate que se
anticipa, nosotros fijamos nuestra posición: deben evitarse
los costos al público de una mala administración
de Pemex, pero no debe privatizarse Pemex. Nos oponemos a que
se privatice Pemex. Hacerlo no sería una decisión
que tenga una ventaja económica clara para México;
por el contrario, debilitaría estructuralmente las finanzas
públicas y sería un golpe traumático para
la confianza nacional en el contexto de los fracasos y crisis
económicas recurrentes que ha vivido nuestro país.
Sería un factor determinante para acentuar las divisiones
en la nación.

DEFENDER
LOS INTERESE Y EL PRESTIGIO DE MEXICO
|
Los
gobernantes mexicanos han perdido la voluntad política
y la responsabilidad de cuidar la herencia que recibieron, de
defender los intereses del presente y de mantener abiertas las
esperanzas del porvenir.
A
partir de una lectura estrecha de la realidad internacional,
han concluido que el fin de la bipolaridad dejó el poder
único a los Estados Unidos. Y que, por la globalización
de la economía, no existe otra posibilidad de desarrollo
que aceptar sus términos y sus fórmulas.
Nuestros
vecinos del norte son la principal potencia del mundo. Es cierto.
Y la integración que existe de nuestras economías
-que ofrece posibilidades para acelerar el desarrollo económico
en México- es irreversible. Sin embargo, eso no quiere
decir que las realidades políticas mundiales no sean
más complejas, ni que no existan distintas maneras de
relacionarse con los mercados internacionales, ni que abdiquemos
de nuestra identidad, intereses y proyectos propios. Pensar
eso, es ser desleales, a la historia, a la nación presente
y al futuro de México. Ninguna nación que se respete
a sí misma lo hace. No lo hacen los norteamericanos,
ni los franceses, ni los ingleses.
Ese
diagnóstico fatalista y pusilánime ha contribuido
a debilitar a la autoridad, a las instituciones y al prestigio
de México. No ha servido siquiera para dar solidez a
la modernización de la economía. Ha hecho crecer
la desconfianza y por ello ha reducido las posibilidades de
desarrollo.
La
solución al problema no la vamos a encontrar si sólo
miramos hacia afuera. Sería irresponsable enfrentarnos
con el exterior para cubrir nuestras debilidades e incapacidades
internas. El factor clave para fortalecer nuestra soberanía
es fortalecer a la sociedad y demostrar que tenemos capacidad
para conducir pacíficamente los cambios de los que depende
la estabilidad política de México, así
como el crecimiento y dinamismo de la economía. Ese es
el mejor fundamento para tener una relación madura y
digna con los Estados Unidos, América Latina y con el
resto del mundo.
Si
resolvemos nuestros problemas internos, seremos respetados.
Si somos capaces de transitar con éxito a través
de una encrucijada tan compleja y en el camino alcanzamos una
mayor cohesión interna, el mundo volverá a mirar
a México con respeto.
Pero
nada de eso ocurrirá por sí. El inmovilismo vacía
a México; vacía las posiciones y los intereses
de nuestro país; vacía el alma de México.
Entrega nuestra país a la crudeza de los intereses, de
las mafias, de los especuladores, de los poderes fácticos.
Es un riesgo para el resto del mundo que vuelve inevitables
mayores niveles de intervención externa y nuevas divisiones
de la nación.
No
debemos aceptarlo. No queremos convertirnos en una región
balcanizada, en foco de grandes conflictos internacionales y
en un país devastado material y moralmente.
Defender
los intereses de los mexicanos y el prestigio de México
es defender cada uno su seguridad, su libertad, sus propiedades
y su lugar propio en el mundo. A eso están obligados
todos los ciudadanos y desde luego los gobernantes de México.

Fuente:
Sitio Web del
Partido de Centro Democrático